"Breno"
Me quedé observando a Gisele mientras hablaba por teléfono, sin duda alguna era una bandida llena de trucos. No lo niego, la curiosidad me carcomía. ¿A quién habría llamado? Mi apuesta es que estaba avisando a tal Rita sobre el interés repentino de un policía en los hechos de tiempos atrás, pero no podría estar seguro de eso, pues el teléfono que usó era un aparato viejo, del tipo que no tenía ni la posibilidad de volver a marcar. Me sorprendió que aquello aún funcionara.
Tan pronto como salió de la sala, expresé mi curiosidad al delegado.
—Aquí me estoy preguntando a quién llamó esa mujer. —Hablé aún mirando hacia la puerta.
—Amigo mío, esa mujercita es un tipito bien ordinario, se cree muy inteligente, pero se olvidó de que está en una comisaría. Yo también quiero saber si llamó a algún cómplice. —El delegado sonrió y caminó hasta la mesa.
El delegado abrió el primer cajón de la mesa y me llamó. Había ahí un identificador de llamadas que me explicó estaba conectado al teléfono y que registraba los números de las llamadas recibidas y también de las realizadas. Era algo tan simple y tan viejo como el aparato telefónico sobre la mesa. No era la manera más correcta de conseguir información, probablemente hasta era inmoral, pero para lo que yo quería serviría muy bien, después de todo tal Gisele no era una persona apegada a la moralidad, digamos así, y yo solo quería saber a quién había llamado.
El delegado manipuló el aparato y anotó el número en un papel. Miré bien y copié en el bloc de notas de mi celular.
—Ese código de área es de la ciudad donde vivía antes. Creo que sé a quién llamó. —Miré al delegado que sacó un celular de dentro del cajón y lo encendió.
—Vamos a confirmar tus sospechas entonces. —Marcó el número y lo puso en altavoz.
—Aló. —Una mujer de voz fuerte y que parecía de mal humor contestó.
—¿Quién habla? —El delegado preguntó con voz mansa.
—Rita. ¿Quién es? —No era para nada simpática.
—¿Rita? ¿Eres hermana de María? —El delegado no se iba a contener.
—No. Ni conozco a ninguna María, que pase bien. —Estaba lista para colgar.
—¿Pero no es de la casa de los Castelo? —El delegado insistió.
—No, es de la casa de los Blanco. —Estaba impaciente.
—¿Y sabes el número de los Castelo? —Este hombre tenía un humor medio juvenil, pues mientras más irritaba a Rita, mayor se hacía su sonrisa.
—Ni los conozco, hijo mío, ahora déjame en paz que tengo más cosas que hacer. —Y colgó el teléfono.
—¿Tu corazonada estaba correcta? —Preguntó riéndose de la mujer malhumorada que contestó el teléfono.
—¡Bingo! —Dije y sonreí con él.
—Entonces nuestra presa llamó a una vieja conocida y le mandó que le consiguiera un abogado. —Giró la pluma sobre la mesa mientras pensaba. —¿Será que está en ese archivo de contribuyentes?
—No, ya verifiqué, pero el nombre de Rita no aparece ahí. —Comenté.
—Pero ahí aparecen los nombres de las "pacientes", como a Gisele le gusta llamar a las mujeres que buscan sus servicios, y Rita nunca fue "paciente" de Gisele. Probablemente, el nombre que vamos a encontrar ahí es el de la difunta. —El razonamiento del delegado hasta tenía sentido.
—Sí, puede ser. No me había fijado en eso. —Lo miré y caminé hacia la computadora.
Había buscado solo el nombre de Rita y estaba viendo las carpetas de "Pacientes VIP" por orden cronológico de las más recientes a las más antiguas, hasta que me topé con la de tal Sabrina Teles Moreno, ahí después de eso el delegado mandó traer a Gisele y no terminé de ver el archivo.
—La curiosidad mató al gato. —Esbozó una sonrisa.
—Gisele, no estoy aquí como policía. Pero me gustaría mucho saber qué pasó con esa mujer y su bebé.
—¿Por qué el interés en esa mujer? Ya hace mucho tiempo, probablemente no pasabas de ser un adolescente en esa época. —Se levantó y caminó hasta las rejas.
—Escuché la historia y me interesó.
—¿Así de la nada? No me subestimes, policía. No soy tonta. Puedo ser otras cosas, pero tonta no. —Entornó los ojos para observarme.
—Me conmovió la historia de la madre que hasta hoy jura que tuvo gemelos. Todos piensan que se volvió loca. —Hablé y me encogí de hombros, no daría mis motivos reales.
—No, ella no está loca. —Gisele se rio. —Sabes, policía, yo ganaba un dinerito atendiendo a esas personas que vivían lejos de la ciudad. Tenía un carrito viejo y andaba por todos lados. Pero no me gustaba vivir en ese fin del mundo y sabía que tarde o temprano el médico me iba a descubrir. Ahí recibí una propuesta y el dinero que gané por hacer lo que hice fue suficiente para salir de ahí y comenzar un negocio aquí, una ciudad más grande, donde podría ganar mucho más. Y fue lo que hice. Y gané mucho dinero todos estos años.
—¿Tanto así? —Dudé, pues, aunque vivía bien, no llevaba una vida de lujos para decir que ganó mucho dinero. Lo que tampoco coincidía con los chantajes que hacía.
—Mucho. Pero ya sabes cómo es, en este tipo de vida, uno necesita pagarle a mucha gente para que se quede callada, otros tantos para que nos den información y los documentos falsos también cuestan caro. —Había comenzado a hablar y cuando se dio cuenta comenzó a reír. —Mira nada más, ya estoy haciendo confesiones contigo.
—Gisele, eres inteligente y sabes que yo no soy tu problema, las cosas que quiero saber no van a alterar nada tu vida aquí. ¿Por qué no me cuentas? —Insistí.
—Porque si te cuento, pierdo una buena fuente de ingresos y ahora que estoy presa, y parece que voy a pasar un tiempo presa, necesito que ella siga haciendo las cosas para mí. —Gisele sonrió y volvió a cerrarse.
El policía que estaba vigilando la cárcel me llamó y me informó que había llegado su abogado. Se me acabó el tiempo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....