"Manuela"
Volví a mi escritorio pensando en cómo convencer a Flavio de que estaba bien y que nuestra vida podía volver a la normalidad, extrañaba su cuerpo. Apenas me senté y sonó mi celular, miré la pantalla y el nombre que brillaba era el de mi detective.
—¡Hola, grandote! ¡Estaba pensando en ti! —contesté feliz de hablar con él.
—Mi chiquita, qué bueno escuchar eso. ¿Me estás extrañando? —parecía relajado.
—¡Ni te imaginas cuánto! —suspiré bien alto haciéndolo reír.
—¡Chiquita, eres imposible! —Flavio se reía de mí.
—¡Es mucho amor! —concluí y él soltó una carcajada.
—Sabes que yo también te amo mucho. Mi chiquita, te necesito en casa temprano hoy, ¿puedes faltar a la universidad? —me emocioné enseguida con su pregunta. ¿Será que me iba a quitar el castigo?
—¡Por ti siempre se puede, grandote! —me estaba insinuando descaradamente.
—¡Es bueno saberlo! —se rió—. Estoy feliz de que el semestre esté terminando y vas a estar en casa más temprano por casi dos meses.
—Yo también estoy feliz por eso. Pero la universidad en sí todavía demora en terminar —me lamenté, porque llegar tarde a casa era realmente molesto.
—Va a pasar rapidito, ya verás —Flavio trató de animarme.
Conversamos un poco más y nos despedimos con su promesa de que tenía algo importante en casa. Estaba ansiosa por poner las manos en mi grandote otra vez.
Después del trabajo me extrañó que Lisa no mencionara que iría a casa de Rick, ya que era viernes. Fuimos juntas a casa y cuando llegamos sentí un olorcito rico de comida recién preparada que hasta me dio hambre.
—¡Mmm! ¡Qué olor tan rico! —dije al entrar a casa.
—¿No puedo creer que Flavio esté cocinando? Ay, su comida es muy buena, no sé por qué insiste en pedir comida de afuera —dijo Lisa y Flavio apareció en la sala.
—¡Porque yo también trabajo y llego a casa cansado, hermanita! —bromeó con su hermana y me jaló por la cintura—. Pero hoy es un día especial e hice algo especial para mi chiquita.
—¿Solo para ella? Dios, es como si ni viviera aquí —Lisa se quejó fingiendo estar ofendida.
—¡Eres una intrusa! —Flavio siguió molestándola—. Si pretenden bañarse antes de la cena, mejor vayan ahora, en veinte minutos tendremos una reunión familiar.
Lo miré intrigada. ¿Cómo así reunión familiar? Él solo sonrió, me dio otro beso y volvió a la cocina. Veinte minutos después estábamos los tres sentados en el sofá de la sala con la laptop abierta frente a nosotros.
—¿Qué está pasando, Flavio? —encontraba todo muy extraño.
—Ya lo vas a saber —se limitó a decir y enseguida entró una videollamada. Era mi hermano.
—Salió el resultado de tu ADN. Ya sabemos toda la verdad, pero también sé que esos resultados son importantes para ti, así que quería que los abriéramos juntos —mi papá habló y levantó un sobre.
—Pero... —me confundí, porque no sabía. Sí, el ADN era importante para mí, era la consagración de todo lo que descubrimos y por fin podría cambiar el nombre de mi mamá en mis documentos. Entonces, Flavio puso un sobre blanco en mis manos.
—¡Estamos aquí contigo! —Flavio me besó la frente.
—Entonces, vamos papá —mis manos estaban sudorosas y temblorosas.
Mi papá contó hasta tres y abrimos juntos los sobres, adentro había tres informes. No esperaba emocionarme tanto, empecé a llorar, tomé los informes con cuidado.
—El supuesto padre, Orlando Blanco, tiene una probabilidad de más del noventa y nueve por ciento de ser el padre biológico de Manuela Blanco —leí el primer informe emocionada—. ¡Soy tu hija de verdad! —constaté sintiendo una ola de felicidad invadirme.
—¡Nunca tuve dudas! —mi papá me aseguró. Mi amor por él era inconmensurable e incondicional. Tomé el segundo informe y lo miré con aún más cuidado.
—La supuesta madre, Rita Menezes Blanco, no posee vínculo genético de maternidad con Manuela Blanco —respiré aliviada y tomé el siguiente informe—. La supuesta madre, Açucena Torres Blanco, tiene una probabilidad de más del noventa y nueve por ciento de ser la madre biológica de Manuela Blanco —estaba muy emocionada y mi papá también, estaba confirmado: yo era la hija amada y esperada de Açucena. Por el rabillo del ojo vi a Flavio con una botella en la mano.
—¿Estás listo ahí, Camilo? Ahora es nuestra entrada —dijo Flavio y Camilo asintió y contó hasta tres.
Destaparon las botellas de champagne juntos y nos sirvieron. Hicimos un brindis emocionado, con la alegría de una vida nueva y llena de felicidad que se abría ante nosotros. Era muy bueno sentirme amada y parte del todo, tal vez pocas personas podrían comprender ese sentimiento que me invadió, el sentimiento de ser parte de un todo y de ser amada y aceptada por lo que era, y yo era una Torres Blanco. Me sentí como el personaje del cuento del "patito feo", por mucho tiempo no encajé, no me encontré y ahora, finalmente tenía mi identidad, había encontrado mi nido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....