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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 608

"Flavio"

Ya tenía casi todo listo para hacerle una sorpresa a mi pequeña, pero mientras más se acercaba el día, más ansioso me ponía. Estaba terminando el email con las modificaciones que quería que se hicieran en el proyecto. Esperaba que a mi pequeña le gustara la sorpresa que estaba preparando.

Escuché tres golpes en la puerta y les dije que pasaran, sabía que no era Bonfim, porque ese no tocaba. Alguien entró, pero estaba concentrado enviando el email que acababa de escribir, por eso no levanté la cabeza para ver quién era, pero cuando escuché girar la llave en la cerradura me puse alerta y alcé la cabeza para ver quién era.

—¿Qué estás haciendo aquí? —rugí como un león.

—¡Hola, comisario! ¿Te gustó la sorpresa? Soy la novata del equipo del comisario Bonfim. —Esa mujer irritante de la Academia de Policía, la misma que se encerró conmigo en la academia, estaba parada frente a mí.

Era una mujer vulgar, usaba unos jeans que casi la partían por la mitad de lo apretados que estaban y una camisa de policía tan ajustada que parecía que explotaría con cada respiración suya. Además, estaba demasiado maquillada para ser una policía operativa, con un labial rojo chillón, y esos aretes enormes que seguramente la estorbarían si necesitara correr tras algún delincuente o se le engancharían en el chaleco antibalas.

—Para empezar, ten más respeto cuando te dirijas a mí. Y si eres del equipo de Bonfim, no tienes nada que hacer en mi oficina, puedes irte.

—Ven y sácame, guapetón. —Su voz era irritante. Miré hacia la puerta y no vi la llave en la cerradura. Entonces tomé el teléfono y ella jaló el cable que conectaba la línea. Miré el celular sobre la mesa y antes de que pudiera tomarlo ella lo alcanzó y se lo metió en la parte de atrás de los pantalones. —Esta vez somos solo tú y yo, bombón.

—Me pregunto cómo dejaron que una puta entrara a la policía. ¡Aunque estoy ofendiendo a las putas! ¡Tú eres solo una mujercita vulgar y sin valor que ni para puta sirve! —Me levanté y ella se rió y se paró frente a mí.

—Eso, comisario, dime puta. Me gusta, ¿sabías?

—¡Dios mío! Pero qué ordinaria eres. —Negué con la cabeza.

—Deja de hacerte el difícil, comisario, sé que te parecí buena, a todos les parezco, después de todo, realmente lo soy. —Me miraba como una depredadora. —Sabes, me costó trabajo conseguir venir a esta comisaría, pero le hice un favorcito al director de la academia y él movió los hilos por mí. Es que necesitaba verte otra vez, porque sé que quedó algo pendiente entre nosotros.

—¡Por Dios! ¡No delires, criatura! —Me froté las manos en la cara nervioso.

—No te hagas el difícil, comisario, yo quiero dártelo y sé que tú me quieres coger, ¡todos quieren! Mira, ¡soy una mujeraza! Linda, buena, olorosa y hago unas cositas, comisario, ¡que te van a volver loquito! —¡Pero qué zorra tan ofrecida! No se daba cuenta de lo ridícula y pedante que se estaba viendo.

—¡No podrías estar más equivocada! ¡Detesto a las mujercitas vulgares y ofrecidas como tú! ¡Eres una criatura repugnante, hija mía! Ahora devuélveme mi celular y la llave y sal de mi oficina.

—No va a pasar, porque consigo todo lo que quiero y te quiero a ti, no me voy a quedar con las ganas. —Resoplé, apenas podía creer que existiera una mujer tan baja en el mundo. ¡Ni las putas! —Estás muy tenso, comisario. —Me pasó la mano por el brazo y sentí asco. —Pero te voy a hacer relajar, cuando esté brincando encima de ti, te vas a poner relajadito. —Se me echó encima y me llevé un susto tan grande que no pude alejarme, solo tuve tiempo de voltear la cabeza para que no lograra besarme, pero sentí que sus labios me rozaron.

Era una mujer alta y me costó trabajo alejarla sin agredirla, pero lo logré y la inmovilicé, le puse las esposas y la sujeté al tubo que estaba en la pared lateral justamente para sujetar las esposas de los presos cuando estuvieran en la oficina, limitando los movimientos. Fui hasta la mesa, tomé el cable del teléfono y vi que la puta lo rompió cuando lo jaló, entonces fui hasta la puerta y le di una patada con tanta fuerza que la rompí de una sola patada, era una de esas puertas huecas.

Renata venía pasando con Breno y se pararon a mirar.

—¿Necesitas ayuda, Moreno? —preguntó Breno, pero ya estaba terminando de tirar la puerta.

—En realidad necesito que llames a Bonfim y vengas con él, y te necesito a ti, Renatita. —Me miraron curiosos. —Hay una puta ordinaria en mi oficina que se metió mi celular en el trasero y la llave de la puerta ni quiero pensar dónde se la metió.

Renata esbozó una sonrisa y miró de reojo a Breno. Me froté la mano en la cara.

—Renatita, ¿puedes, por favor, cachear bien a esa puta y sacar mi celular? La llave puedes hacérsela tragar, ya que rompí la puerta. —Le supliqué a Renata.

—¿Por casualidad esa puta es la novata del equipo de Bonfim? —preguntó Renatita con una sonrisa.

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