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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 630

"Manuela"

Flavio y yo ya llevábamos casados tres meses y era más feliz de lo que podría imaginar. Me llenaba de atención y cariño, aún más que antes. Estaba mirando en mi celular una foto que nos tomamos en la luna de miel, en esa playa hermosa de Bali. Después de la boda me llevó al hotel hacienda, nos quedamos dos días ahí y después fuimos a Bali, donde estuvimos diez días. Me habría dado igual ese bungalow en Bali o una cabaña en medio del monte en la hacienda, mientras mi grandote estuviera conmigo todos los lugares del mundo eran hermosos e increíbles.

—Dios mío, ya llevas casada tres meses y ¿sigues suspirando? ¡Mi hermano debe ser lo máximo! —Lisa se paró frente a mi escritorio.

—Ah, lo es, ¡es más que lo máximo! —Miré soñadora esa foto.

—Me imagino, por los ruidos que hacían en ese departamento. —Lisa se rio.

—¡Ah, y hacemos mucho más en la casa nueva! —Lisa fingió estar en shock y me reí. No quiso mudarse con nosotros, entonces Flavio le dio el departamento y estaba más que feliz por vivir sola.

—¿Tienes tiempo para un café? —me pidió.

—Sí tengo. ¿Tu jefe está tranquilo hoy? —Sonreí, sabiendo que andaba pasando momentos turbulentos con Patricio.

—¡Qué va! Estoy huyendo de él. Vamos rápido, antes de que se dé cuenta de que no estoy en mi escritorio. —Lisa hizo señas con la mano para que caminara rápido.

Ya en la cocina, puso una taza de café frente a mí.

—¿Cómo estás? —Lisa me evaluó.

—Muy feliz, pero ese otro asunto, todavía nada, y estoy muy molesta. —Hablé en tono de confidencia.

—Manu, el médico dijo que podría tardar. —Lisa me recordó.

—Lo sé, pero ¡quiero tanto quedar embarazada! ¿Y si no puedo tener un hijo, Lisa? —Estaba muy preocupada por eso últimamente.

—Manu, apenas han pasado poco más de tres meses que lo estás intentando. Además, si no funciona con esas medicinas, todavía puedes intentar la fertilización in vitro y en el peor de los casos, puedes adoptar.

—Lo sé, pero quería tanto que funcionara con estas medicinas.

—¡Ay, cuñadita! Ten calma. ¿La próxima consulta es hoy?

—A la hora del almuerzo, ¿vas a poder ir conmigo?

—Lamentablemente no, mi jefe tiene una videoconferencia y hace que participe. Te voy a decir, no me da paz. —Fue como si lo hubiera invocado, apenas cerró la boca y apareció Patricio.

—Ah, te encontré. ¡Lisandra, necesito los reportes de la conferencia y estás aquí tomando café! —Patricio habló en tono rígido.

—Están sobre su escritorio, señor Guzmán. —Lisa respondió sin ningún tipo de entonación en la voz, como si no le importara nada.

—Entonces ¿por qué no los encontré? —Patricio la encaró ya perdiendo la paciencia.

—Porque no ve lo que está delante de sus ojos, señor Guzmán. —No estaba equivocada, pero él no lo admitiría.

—Lisandra... —Patricio habló en tono de advertencia.

—Estás más ansiosa que Manu. —comentó.

—Ah, Dr. Molina, creo que ella está tan ansiosa como yo. Sinceramente esto se está tardando demasiado. —Dejé que mi ansiedad hablara por mí.

—Querida, sabes que puede tardar. Pero, ven, vamos a ver cómo estás. —El Dr. Molina nos llevó al consultorio.

Tan pronto como nos sentamos entró una enfermera para hacer la toma de sangre para el examen. Era así en todas las consultas, examen de sangre, examen ginecológico, ultrasonido y una larga conversación para hacer los ajustes que fueran necesarios.

—Mientras esperamos los resultados de los exámenes, dime cómo estás, Manu. —preguntó el Dr. Molina y se recostó en la silla.

—Dr. Molina, ando con muchos cambios de humor, pero últimamente todo me da ganas de llorar. Hoy tuve ganas de llorar porque Mel vino a la consulta conmigo. —me quejé y él se rio.

—Efectos de las hormonas, querida, esas alteraciones pueden pasar. Solo trata de mantenerte tranquila. ¿Flavio todavía no sabe? —preguntó el Dr. Molina y negué con la cabeza—. Ayudaría mucho si él supiera, su apoyo podría tranquilizarte más.

—¡Ah, tío, ni hablar! De la manera que es él, estas consultas tendrían que ser semanales. —Melissa nos hizo reír, pero tenía razón.

Seguimos conversando, el Dr. Molina siempre mantenía las consultas ligeras y tranquilas, era un médico que transmitía calma y paz. Cuarenta y cinco minutos después sonó su teléfono, atendió y agradeció.

—Tus exámenes están listos, Manu. Vamos a echarles un vistazo. —Abrió los exámenes en la computadora y mandó imprimir mientras revisaba la pantalla.

El Dr. Molina miraba la pantalla serio, como si hubiera visto algo preocupante y me puse nerviosa. Empecé a moverme en la silla y no aguanté esperar más.

—¿Hay algo malo con mis exámenes, Dr. Molina? —Ya sentía un nudo formarse en mi garganta. Eso no parecía ser bueno.

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