"Lisandra"
Quise que se abriera un hoyo en el suelo cuando leí la tarjeta del regalo que Patricio dejó sobre mi escritorio, quise salir corriendo cuando ese repartidor dijo mi apellido y quise morirme cuando Patricio cerró la puerta de su oficina y empezó a hablar. Pero ahora, ahora quería matarlo. ¿Cómo podía ser tan idiota así? Y todo mundo me repetía que era un tipo genial, que era lo máximo. Era lo máximo de idiota, eso sí.
¿Cómo se atrevía a referirse a mí de esa manera, llamándome mentirosa, niñita mimada, animalito del monte? ¿Quién se creía que era? Ah, pero no iba a proferir ni media ofensa más contra mí.
Realmente iba a renunciar, facilitaría las cosas para los dos, pero él tenía que mostrar el idiota que era, no podría haber simplemente aceptado que estaba tomando una buena decisión. Pero entonces dijo que no crecí, que seguía siendo una niñita lista para huir y esconderme. ¡Ah, Sr. Guzmán, no tiene idea de cuánto creció la niñita! ¿Sabe qué?, si quería deshacerse de mí tendría que despedirme, porque yo no me iba a mover ni un centímetro.
Regresé y lo encaré, sentía una rabia mortal, podría arrancarle los ojos sin ningún remordimiento en ese momento. Pero contuve mis impulsos, lo encaré y esperé. Y él me dio la oportunidad. Lo miré desafiante y le pregunté si me iba a despedir.
—¡Mira nada más! Ese lado atrevido tuyo no lo conocía. —Volvió a acercarse a mí.
¿Por qué este idiota tenía que oler tan bien? Quería enterrar mi nariz en su cuello y respirar su perfume todo el día. ¡Para, Lisandra! Vuelve al mundo real, el mundo en que él te detesta y es un idiota. Pensé conmigo misma, necesitaba recordar eso todo el tiempo y tratar de convencerme de que yo también lo detestaba. No era posible que fuera tan masoquista como para enamorarme de un idiota que me detestaba e insistía en ser un imbécil conmigo.
—Usted no me conoce, Sr. Guzmán. —Le dije y lo observé, me encaraba, estaba serio, pero sus ojos castaños parecían divertirse con mi sufrimiento. —Muy bien, ¿cómo va a ser?, ¿me va a despedir?
—Pensé que ibas a renunciar. —Me desafiaba y quería estrangularlo.
—No, pensándolo bien no voy a renunciar, no voy a huir como usted dijo. Si quiere deshacerse de mí, Sr. Guzmán, tendrá usted que despedirme. —No iba a bajar la cabeza ante él. Estaba cerca, muy cerca, y me encaraba como si evaluara la situación.
—¡Vamos a ver quién aguanta más tiempo entonces! —Me habló al oído y se alejó. —No te voy a despedir, porque tu hermano es mi amigo y no quiero que se moleste conmigo. Siendo así, regresa a tu escritorio y trabaja para mí o renuncia.
Era un desafío y él no iba a salir victorioso de esto. Yo era una competidora nata, nunca abandonaba los juegos a la mitad. Si él lo quería así, entonces que fuera.
—¡Si el señor no necesita nada más, voy a regresar a mi escritorio! —Le dije y le di la espalda. Cuando estaba llegando a la puerta me llamó.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....