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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 652

"Lisandra"

Salí de la oficina de Patricio aliviada por la llegada de la tía Lucinda, estaba a punto de empezar a llorar frente a él. Me senté en mi silla y me dediqué al trabajo, pero estaba cansada y con la cabeza llena de preocupaciones. La puerta se abrió y la tía Lucinda se paró a mi lado.

—Querida, vamos a ver a Alessandro y después vamos a salir a almorzar. ¿Vienes con nosotros? —La tía Lucinda tenía una sonrisa acogedora.

Adoraba a esa mujer y la admiraba, siempre tan llena de energía y con una vibra tan positiva, la tía Lucinda espantaba la tristeza donde llegaba.

—Ah, tía, no va a poder ser. Tengo planes. —Respondí.

—Si es con Rick, con seguridad él también será obligado a almorzar con mi mamá. —Patricio respondió y me sonrió. ¿Me sonrió? Ah, con seguridad estaba guardando las apariencias para la tía Lucinda.

No tenía ningún plan para el almuerzo, pero no me iba a meter en su almuerzo, no le daría más esa oportunidad a Patricio para echármelo en cara. Necesitaba pensar rápido y dije lo único que se me ocurrió.

—No, no es con Rick. Es con mi amigo de marketing. —Respondí y vi su cara cerrarse en un ceño fruncido.

—El de los bombones. —Dijo simplemente y asentí. Resopló. —Vamos, mamá.

—¿Bombones? ¿Ya hay alguien acercándose? —La tía Lucinda preguntó, pero no me miraba a mí, miraba a Patricio que ya estaba casi llegando a la puerta. Se detuvo y miró sus propios zapatos, como si esperara escuchar mi respuesta.

—Tal vez. —Le sonreí y escuché a Patricio resoplar y salir de la oficina.

Veinte minutos después Rick entró a mi oficina con Manu a rastras, como quien tenía un chisme calentito para contarme.

—¡Lisa, Lisa! ¿Qué hiciste? —Rick se sentó frente a mí.

—Que yo sepa, no hice nada.

—Entonces ¿por qué el gerente de marketing acaba de ser transferido a la sucursal de Miami? —Rick me encaraba muy satisfecho y yo lo miraba sin entender. El teléfono sonó sobre el escritorio.

—¿Vicepresidencia? —Escuché la voz del otro lado identificarse, era el gerente de marketing llamándome.

—Lisa, ¿tienes un minutito?

—¡Claro! ¿Cómo estás?

—¡Muy bien! Creo que me diste suerte.

—¿Y por qué sería eso?

—Acabo de ser promovido a un puesto en Miami, un cargo que quería desde hace mucho tiempo, pero aún no se había dado. Solo que me tengo que ir hoy, voy a casa a preparar mi equipaje. Creo que ya no vamos a poder almorzar juntos. —No podía creer aquello. No era posible que esa transferencia tuviera que ver conmigo.

—Qué lástima lo de los almuerzos, pero me da mucho gusto por ti. —Ni sabía qué decir.

—Sí, yo también lamento lo de los almuerzos. Bueno, me tengo que ir. Te doy noticias desde Miami.

—Ah, mándame una postal. —Sonreí y me despedí del amigo que acababan de quitarme. —Lo transfirieron a Miami. —Dije al colgar el teléfono y frente a mí tenía a Rick carcajeándose y a Manu sacudiendo la cabeza divertida.

—Pues sí, Patricio entró a la oficina de Alessandro hecho una fiera y dijo que necesitaba esa transferencia con urgencia y Alessandro lo hizo. ¿Qué pasó, Lisa? —Rick me miraba y ni yo lo sabía.

—Si supiera, Rick. —Bajé la cabeza sobre el escritorio.

—Anda, vamos todos a almorzar con Lucinda. —Rick me invitó y levanté los ojos.

—No voy, Rick. Ya le dije que tengo un compromiso.

—No es necesario. —Tomé el sándwich de sus manos y nuestros dedos se rozaron.

Fue un toque tan leve, pero que me calentó toda. Mordí el sándwich, tratando de limpiar la sensación de ese toque de mi sistema. No sentía el sabor del sándwich, estaba hiper consciente de sus ojos sobre mí. Empecé a masticar y él abrió la lata de jugo y puso un popote doblando la punta. Me estaba observando como si me analizara. Mastiqué el sándwich y tomé el jugo. Durante los minutos que tardé en comer me observó todo el tiempo. Cuando terminé, recogió la basura y sacó una cajita de la bolsa.

—Aún comes tan despacio como antes. —Sonrió como si recordara algo. —A menos que estés enojada, ahí ni ves lo que te metes a la boca.

—¿Podemos no recordar esa boda? —Le pedí y me encaró con esa sonrisa bonita.

—No puedo olvidar esa boda. —Su voz tomó un tono más grave, casi como si fuera un tono de confesión. —¿Tú puedes, Lisandra?

¿Qué le iba a responder? ¿Que me acordaba de cada detalle, especialmente del beso en mi cuarto? No, no podría tocar ese tema, no cuando estaba tan frágil y cansada.

—No, no puedo, casi me muero porque mi hermano no encontraba la inyección. —Respondí concentrándome en la crisis alérgica. Sacudió la cabeza como si desistiera del tema y abrió la cajita que sacó de la bolsa. Eran bombones.

—Me comí los tuyos ayer. —Sonrió. —Es una oferta de paz.

—¿Pensé que los turrones eran una oferta de paz?

—Pensé que no te habían gustado, no te los comiste.

—Son mi dulce favorito. —Suspiré mirando la caja de bombones que me extendía.

Cerró la caja de bombones, se levantó y salió de la oficina, lo que me pareció extraño. Entonces me puse de pie y me acomodé la falda en el cuerpo, en ese momento regresó a la oficina y cerró la puerta, viniendo a sentarse otra vez a mi lado.

—Siéntate. Vamos a aprovechar esta calma y comer tus dulces y después vamos a conversar. —Lo miraba como si fuera un completo extraño.

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