"Lisandra"
Menos mal que ya es viernes y vamos a la hacienda de la familia de Manu después del trabajo. El Sr. Guzmán también va a estar ahí, pero allá ni necesito hablar con él. Sr. Guzmán... ya noté que se molesta cuando lo llamo así, es mi pequeña venganza por ser un idiota conmigo.
—¡Buenos días, guapa! La sonrisa te queda bien. —Rick entró a la cocina de la oficina, donde me estaba sirviendo una taza de café, y me dio un beso en la mejilla.
—Ah, es que tendremos una semana enterita en la hacienda, paz y tranquilidad. ¿No es genial? —Lo miré con una sonrisa aún más grande.
—Sí, espero que realmente sea así, pero contigo y Patricio juntos, nunca se sabe. —Se rió, me estaba provocando.
Le saqué la lengua y, después de que tomó su café, fuimos hacia nuestras oficinas. Nos separamos en el escritorio de Manu y me volteé rápidamente para hablar con Rick, pero ya había desaparecido en su oficina, entonces me volteé otra vez hacia la mía y fue ahí cuando pasó el desastre.
Me topé con Patricio y el café súper caliente que estaba en mi taza se derramó todito en la camisa impecablemente blanca que usaba.
—¡Ay, muchacha! ¡Dios mío! ¡Está caliente, está quemando! —Estaba desesperado y el café estaba realmente muy caliente.
—¡Ay, Dios mío! —Abrí mucho los ojos y lo vi regresar a su oficina apurado, ya jalándose la corbata.
Fui detrás de él para tratar de ayudar. Se volteó hacia mí, estaba abriendo los botones de la camisa. Los botones abiertos ya revelaban su pectoral musculoso y definido y me quedé paralizada viendo ese espectáculo.
—¡Ay, maldición! ¡Cierra la puerta y ayúdame, Lisandra! —Habló bruscamente, sacándome de mi ensueño.
—¿Qué hago? —No podía quitar los ojos de su cuerpo.
—¡Está quemando! Dios mío, ¿qué tenía esa taza? ¿Fuego puro? —Se quejaba.
Vi una jarra de agua con hielo sobre el escritorio, corrí y la tomé rápido, echándosela encima, y se llevó un susto. Sus ojos se cerraron y el agua escurrió de su pecho y por su abdomen. Observé el camino del agua y, Dios, ¡quería lamer ese camino! ¡Qué hombre tan guapo!
Abrió los ojos, lentamente se quitó la camisa y la tiró sobre el sillón que estaba al lado. Estaba paralizada, hipnotizada por esos músculos, contando cuántos cuadritos tenía en su abdomen definido. El Patricio que recordaba no tenía ese cuerpo, era guapo y delgado, pero no tenía todos esos músculos perfectos y bien torneados. Sinceramente, Patricio ahora era la personificación de Apolo, el dios de la belleza. Quería lamer cada gota de agua que escurría por su cuerpo.
—¿Te está gustando el show? —Preguntó bruscamente.
—Y cómo... —Suspiré y ni me di cuenta de que había hablado en voz alta, tan arrebatada que estaba por verlo sin camisa.
Se pasó la mano por la cabeza y masculló algo que no entendí, se volteó de espaldas por un momento, pero fue suficiente para que viera su espalda esculpida a la perfección. Era imposible no admirar ese cuerpo. Cuando volvió a mirarme estaba impaciente, pero aun así estaba guapo y yo estaba como una idiota observando su cuerpo, mis piernas estaban flojas y el calor que me subía por el cuerpo me daba ganas de abanicarme.
—¡LISANDRA! —Gritó. —Dios mío, muchacha, ¿nunca has visto a un hombre sin camisa? Pero sí eres una niñita rara, rara y torpe.
Estaba nervioso y, como siempre, yo era el chivo expiatorio, ya empezaba a desquitarse conmigo. Necesité hacer un esfuerzo inusual para conectar mis neuronas y salí corriendo por la oficina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....