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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 660

"Lisandra"

No sabía si estaba más avergonzada o más molesta con Patricio. ¡Lograba ser un tierno y al segundo siguiente era un idiota! Después de estar dos horas dentro de su oficina, con una toalla envuelta en el cuerpo en lugar de mi blusa, pensaba que nada en el mundo podría ser peor, no habría nada que hiciera que las cosas entre nosotros se pusieran más tensas. Pero nada es tan malo que no pueda empeorar.

—Lisa, tengo un problema y necesito tu ayuda. —Manu entró a mi oficina a la hora del almuerzo, hora en que deberíamos estar preparándonos para irnos a casa, pues Alessandro determinó que el horario terminara más temprano.

—Claro, cuñadita, ¿qué pasó?

—¿Sabes los alfajores que encargué para la boda? ¿Los que van a reemplazar los bien casados? Hubo un retraso y solo van a estar listos al final del día. Y Flavio y yo tenemos cita para hablar con el padre Floriano allá en mi ciudad. —Miré a Manu sin entender. Nuestro horario terminaría más temprano y habíamos quedado de tomar la carretera temprano.

—¿Y qué quieres que haga? —Pregunté ya imaginándome.

—¿Puedes recogerlos y llevármelos? Pero eso significa que vas a tener que tomar la carretera sola. —Manu parecía apenada.

—No hay problema, Manu, no me molesta. Mejor dicho, le voy a decir a Rick que me espere y vaya conmigo. —Le sonreí y me agradeció, en el mismo momento en que llegó mi hermano.

—¿Están listas, muchachas? —Flavio preguntó animado.

Mientras Manu le explicaba sobre los dichosos alfajores yo trataba de hablar con Rick, pero no contestaba. Y fue en ese momento que Patricio decidió salir de su oficina.

—Rick no contesta. —Comenté al colgar el teléfono.

—Olvídate de Rick, Lisa. Patricio también va a tener que ir más tarde, va a recoger las argollas para mí, vas a ir con él. —Mi hermano pensó que su idea era brillante, yo pensé que era el fin del mundo.

—Ah, pero si él va más tarde y ya va a recoger las argollas, puede recoger los alfajores. —Pensé rápido, pero Manu puso una cara desesperada y rápidamente se puso a suplicar.

—¡No, Lisa! ¡Sabes cómo son los hombres! Si él tiene que hacer eso solo corre el riesgo de que mis dulces lleguen destruidos. —Manu estaba casi llorando.

—¿No confías en mí, Manucita? —Patricio se quejó.

—Confío, pero siempre es bueno tener un toque femenino. —Manu se corrigió rápidamente.

—Bueno, por mí está bien, es bueno tener compañía en la carretera. Solo no sé si la niñita va a querer ir conmigo. —Patricio me provocó.

Tenía muchas ganas de arrancarle la lengua. Estaba a punto de responder, pero Flavio se me adelantó.

—Ah, va a ir, sí va a ir. Pueden aprovechar para conversar un poco. —Flavio me encaró y no me dejó opción.

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