Entrar Via

Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 665

"Patricio"

Flavio salió caminando adelante e hice un gesto caballeroso para que Lisandra pasara al frente, pero fue un típico gesto de provocación. La seguí justo atrás, pero debería haber ido adelante de ella, porque observar esas piernas perfectas justo debajo del borde de los shorts que llevaba no ayudaba a calmarme. Entramos en el estudio de la casa y Flavio cerró la puerta y nos miró fijamente.

—¿Qué creen que están haciendo ustedes dos? —Flavio nos observaba y su tono no era amigable.

—Hermanito, la culpa es de él. —Lisandra trató de echarme toda la culpa, pero ella me provocaba bastante, incluso esta vez fue ella quien empezó.

—¡Basta, Lisandra! —Flavio alzó la voz con ella y ella hizo un puchero. No me gustó que le hablara fuerte.

—Flavio... —Iba a abrir mi bocota para defenderla, pero por suerte Flavio me interrumpió.

¡Dios! En ese momento me di cuenta de lo hipócrita que estaba siendo, ¡pues yo le hablaba fuerte todo el tiempo! Dios, si mi mamá supiera eso, no le importaría que soy un hombre de treinta y cinco años, me tomaría de las orejas y me haría pedir disculpas hasta que Lisandra me perdonara.

—¡Van a escucharme, Patricio! —Flavio me hizo callar. —Ustedes dos se están pasando de la raya, pelean todo el tiempo y por cualquier cosa. Esto es insoportable y mi chiquita se está poniendo nerviosa por esto. Caramba, ya se los dije muchas veces, Patricio ya no es un joven idiota, Lisandra. Y tampoco Lisandra es una niñita, Patricio. Aunque a veces sea lo que realmente parecen. —Me miró de mí a Lisandra y nosotros lo escuchábamos con la cabeza gacha. —¡Mierda! Son dos adultos, necesitan entenderse, por el bien de ustedes y por el bien de nuestro grupo, pero principalmente por el bien de mi matrimonio. Así que voy a decir lo que va a pasar de ahora en adelante. De ahora en adelante, ustedes dos se van a comportar como seres humanos decentes, como personas que se adoran y van a hacer todo lo que mi chiquita quiera. ¡To-do! Si mi chiquita quiere ir a la cascada, ustedes dos van a la cascada. Y si se atreven a pelear de nuevo mientras estemos aquí o molestan a mi chiquita, los voy a esposar juntos, de modo que no van a dormir ni en cuartos separados y van a tener que soportarse.

Dios, Flavio estaba realmente furioso y estaba tan furioso que ni se daba cuenta del peligro de lo que decía. Corría el riesgo de que me olvidara de todo lo que me hace mantener distancia de ella, ciertamente esposarme a su hermana sería un peligro. No respondería por mí si tuviera que dormir en la misma cama que ella. ¡De eso ya estaba seguro!

—Entonces, ¿qué va a ser? ¿Se entienden o los esposo a los dos? —Flavio nos miraba con los brazos cruzados sobre el pecho.

No dudé ni por un minuto que Flavio fuera capaz de cumplir lo prometido. Entonces me acerqué a Lisandra.

—Por mí hacemos una tregua. —Extendí la mano y esperé.

—Una tregua. —Tomó mi mano de mala gana y miró hacia otro lado.

—¡Muy bien! Ahora quiero ver un abrazo. —Los dos miramos a Flavio como dos flechas.

—Señor, ¿por qué me castiga? —Miré al cielo queriendo llorar. Iba a manejar un jeep, en medio del monte, con esas piernas al alcance de mis manos. ¡Podría causar un accidente!

—Ah, Pat, ¿no sabes manejar el jeep? Yo sé, ¿quieres darme las llaves, guapo? —Habló con voz dulce, pero en tono de provocación.

Pasé frente a ella y abrí la puerta del jeep. Sin pensar la tomé en brazos y la puse sentada en el asiento del copiloto. Antes de alejarme, pude ver bien de cerca sus lindas piernas y mis manos me picaron por tocarlas. Reuniendo el poco control que aún tenía me alejé.

Ese día en la cascada fue la mayor tortura de mi vida, pues Flavio a cada momento hacía que Lisandra y yo nos acercáramos y cada vez que su piel rozaba la mía sentía una corriente eléctrica por todo mi cuerpo.

En los días que siguieron, Lisandra y yo fingíamos estar llevándonos más que bien y el grupo usó eso en nuestra contra, siempre nos ponían como pareja para las actividades e incluso para los juegos que hacíamos. Nos estaban torturando y tenían un placer casi mórbido en eso.

Era agotador para los dos, en secreto nos enfrentábamos, pero cuando alguien aparecía fingíamos estar en una conversación amigable. Pasábamos el día así y todas las noches yo perdía el sueño y me sentaba en la cocina. Ella aparecía, no decía nada, solo se sentaba frente a mí. Nos mirábamos por un momento, hasta que yo me levantaba y preparaba su leche con canela y me iba a sentar a la sala. Esto pasó todas las noches.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)