"Lisandra"
No podía creer lo que estaba escuchando. Estaba ahí, finalmente queriendo estar conmigo, ser mi novio. No era una declaración de amor, pero sentí, por primera vez que tenía la oportunidad de conquistarlo ¡y cómo quería conquistarlo! Algo ya sentía por mí o no estaría tan preocupado de que me alejara o de que me interesara por otro.
—¿Novia? —Probé la palabra y me parecía que me quedaba tan bien. Pero sabía que antes que nada, era necesario que aclaráramos totalmente lo que pasó en la discoteca.
—¡No me castigues así, mi dulce! ¿Sé mía, por favor? —Pedía en un tono de súplica. ¿Será que todavía no había entendido que siempre fui suya? Aun cuando él no me quería yo era suya.
—Patricio, ¿estás seguro de lo que estás diciendo?
—Una enorme seguridad. No te imaginas cómo me puse desesperado estos días sin saber de ti. No te imaginas cómo siento tu falta, la nostalgia que estoy sintiendo de ti, de tus besos, de tus caricias. —Pasaba la mano por mi cara mientras hablaba y yo estaba hipnotizada por él.
—Pero en la discoteca...
—Mi linda, en la discoteca fui un gran idiota. Me dio miedo que me dejaras, que me lastimaras, y me fui antes y te lastimé.
—Nunca te dejaría, por nada, ni por nadie. —Hablé bajito y él sonrió.
—Entonces perdóname y quédate conmigo. No puedo prometerte nada, pero ¿quién sabe si esto resulta?
No sé cuándo empecé a sonreír, pero estaba sonriendo. Me estaba dando una oportunidad y la aprovecharía, haría de todo para que se enamorara de mí. Y si ya sentía mi falta, era una buena señal, señal de que realmente podría lograr que se quedara para siempre. Entonces lo besé, porque yo también sentía falta de sus besos y también me estaba muriendo de nostalgia por él.
Mis labios tocaron los suyos y parecía que habíamos estado mucho tiempo distantes. Apretó los brazos a mi alrededor y su lengua encontró la mía. Con nostalgia, deseo y esperanza, así fue el beso que intercambiamos. Había una entrega y un cariño diferente esta vez, el mismo encaje perfecto, el mismo sabor bueno, el mismo fuego entre nosotros, pero con algo más, que hacía que ese beso fuera tan bueno que no lográbamos terminarlo.
Su lengua buscaba la mía y la mía la suya, sus labios gentiles, pero firmes, cubrían los míos necesitados y ansiosos. Su cuerpo tibio bajo el mío, sus manos en mí, era todo perfecto. Cuando ese beso llegó a su fin, parecía que había durado mucho tiempo, pero no tiempo suficiente para matar la nostalgia que sentía. Le dio una mordidita a mi labio inferior y lo jaló levemente, haciendo que me estremeciera de deseo por él. Quería más, necesitaba que nuestros cuerpos se conectaran.
—¡Eso es un sí! Un sí muy bueno, delicioso, en realidad. —Sonrió, con la frente pegada a la mía.
—Sí, ¡es un sí! —Sonreí—. ¡Ahora eres mi novio! —Me estaba riendo como una niña que se divierte soltando burbujas de jabón.
—¡Lo soy! ¡Y tú eres mi novia! Pero, mi dulce, antes de decirle a todo el mundo quiero hablar con Flavio. Es mi amigo y se va a sentir traicionado si no hablo con él primero. Creo que ya no le va a gustar lo que ya pasó, pero espero que entienda y espero que siga siendo mi amigo.
—Lo sé. Vuelve la semana que viene. Creo que podemos mantener el secreto por unos días más. —No me importaba, ahora era mío y, aunque todavía necesitaba conquistarlo, sabía que no cambiaría de opinión al día siguiente—. Pero tenemos que estar atentos, porque Mel, Heitor, Rick y PH ya saben.
—Sí... en realidad, Nando también ya sabe.
—¿Y cómo se enteró Nando? No fue Mel, estoy segura.
—No, no fue Mel. Fue Rick. Fue a buscarte a su casa y presumió que Nando ya sabía.
—Bueno, uno más. Pero Nando no va a decir nada, sabe que Mel lo mata.
—Sí, Nando no, pero...
—No necesitas, le gustas mucho. Pero también me contó que volviste al día siguiente para saber cómo estaba. No sabía eso.
—Sí, fui, en realidad fui a hablar contigo sobre lo que pasó, pero te habías ido. Entonces presumí que me estabas odiando por lo que hice. Y yo también me fui y nos quedamos todo este tiempo sin vernos. —Me dio un beso en la frente.
—Nunca te odié, pero parecías que no me soportabas y me mantenías a distancia.
—No era exactamente así, te expliqué. Sí te mantenía a distancia, pero no es porque no te soportara.
—Pero siempre peleabas conmigo.
—Nunca supe lidiar contigo, con lo que siento por ti. Y ni sé explicar qué es. Pero desde que naciste siento como si me mantuvieras bajo un encantamiento, es magnético. Siempre fuiste tan linda, tan encantadora, me quedaba fascinado, pero después yo era un adolescente y tú una niña y entré en conflicto, era extraño estar tan apegado a una niñita, y estuvo esa cosa con Sabrina.
—Pero ahora ya no soy una niña.
—¡No, no lo eres! Y yo ya no soy un adolescente. Pero tuviste una pesadilla con eso.
—No fue exactamente con eso... en realidad todos estos días me quedé pensando que habías salido de la discoteca con otra mujer y en mis pesadillas ella era Sabrina.
—¿En tus pesadillas? ¿Fue más de una?
—Son varias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....