"Patricio"
Lisandra estuvo tan extraña durante el tiempo que estuvo en mi casa, tan diferente de la primera vez que vino, no sabía si era la casa o las familias presentes lo que la ponía así. En la primera oportunidad que tuvo se escapó a la cocina, exactamente como hacía en la época en que era niña y no quería estar expuesta en ocasiones que había mucha gente en su casa. Hasta le preguntaría a Wanda de qué tanto conversaron, pero estaba seguro de que recibiría una respuesta evasiva.
Después del almuerzo, tan pronto salimos de la mesa puso una excusa de que tenía una cita con Melissa, pero sabía que quería irse, era tan transparente para mí.
—¿Realmente tienes que irte? —Le pregunté mientras caminábamos abrazados hasta la puerta.
—Sí, ya quedé con Mel, nos vamos a encontrar en el centro comercial. —Sonrió, pero esa sonrisa no llegó a los ojos.
—Entonces, ven. —La jalé hacia el garaje—. Llévate uno de mis carros, puede ser incluso el Bel Air. —Hablé en tono relajado para que no se negara.
—¿La joya de la corona? —Se rio y esa sonrisa era un poco mejor, pero todavía no era mi sonrisa, esa que me daba certeza de que estaba feliz.
—Sí, la joya de la corona. —Me agaché a su oído y hablé en tono provocativo—. O si prefieres, llévate el súper deportivo, para que te acuerdes de mí. —Su sonrisa mejoró un poco más.
—No, prefiero mi súper deportivo. —Se volteó y me besó, un beso dulce y lento, como si ya tuviera nostalgia.
—¡Mmm! ¡Un beso más de esos y vamos a usar uno de estos carros, pero no vamos a salir del garaje! —Se rio y ya estaba casi consiguiendo su sonrisa feliz.
—¡Necesito irme, cariño! —Pasó la mano por mi rostro y suspiró.
—Llévate uno de los carros, para que me quede tranquilo. Deja tu olor dentro de uno de ellos para mí. —Trataba de convencerla, pero no se doblegaba tan fácil.
—Gracias, pero no. Ya llamé un taxi, no te preocupes. —Y antes de que pudiera argumentar cualquier cosa más me dio un beso, un beso que me dejó sin aliento y que limpió los pensamientos de mi mente.
—¡Fue todo un beso! —Todavía tenía los ojos cerrados y escuché su risita.
—Llegó mi taxi. —Me dio otro besito y se alejó.
Acababa de irse, pero cuando regresé adentro de la casa ya tenía nostalgia y ganas de salir corriendo tras ella. El día anterior habíamos hecho planes para el domingo, habíamos planeado almorzar fuera y al final del día ir al cine. Pero la familia apareció entera sin avisar y nuestros planes se alteraron. Y ahora, mientras ella iba hacia el centro comercial a encontrarse con Melissa, estaba preocupado por lo que la dejó tan descolocada mientras estuvo en mi casa. Realmente no era el domingo que esperaba.
Regresé adentro y me desdoblé en atención a mis invitados, eran todos familia, pero quería que se sintieran cómodos, pues planeaba pasar el mínimo tiempo con ellos y el máximo tiempo con mi novia, ya que nuestras familias se quedarían toda la semana. Raúl explicó que tenía negocios en la ciudad y mi padre, bueno, el Sr. Alonso Guzmán controlaba su imperio más de forma remota que presencial y yo ya lo estaba sustituyendo en muchas funciones de la misma forma, tenía un batallón de empleados y directores que recibían muy bien para mantener los negocios en los rieles y exigir mínimamente que estuviera presente en la empresa.
—No pasó nada. Solo me sentí como una intrusa allá.
—¡No eres una intrusa. Eres mi novia!
—Pero no quiero estar allá hasta que tengas certeza. Es nuestro trato. —Sonrió y pasaba la mano por mi pecho, una caricia sutil que hacía siempre que podía y que me consolaba y era tan rico.
—No, no es nuestro trato. Dije que no estaba cómodo para llevarte a dormir allá todavía, pero me gusta que estés allá.
—De cualquier forma, para dormir o no, cada vez que esté allá tendrás un pequeño recuerdo, ¿entiendes? ¿Y no es justamente lo que quieres evitar?
—Sí, tienes razón, porque ya no puedo olvidar ese beso en el garaje, así como todas las veces que miro por la ventana de mi cuarto me acuerdo de ti observando el jardín la primera vez que estuviste allá. —Esos recuerdos eran dulces y me hacían sonreír.
—¡¿Ves?! Siendo así, es mejor que vaya lo mínimo posible allá. Hasta que me quieras allá para siempre. —Sonrió y en su voz, así como en su mirada, no había tristeza o rencor, había esperanza.
—Sabes bien lo que estás haciendo, ¿verdad? Creo que lo sabes. Vas a hacer imposible que no te quiera allá para siempre. —Cerré los ojos y sonreí con ese pensamiento que acabé revelándole y sin pensar ni darme cuenta, terminé dejando escapar una petición que venía del fondo de mi corazón—. ¡Solo no pares, haz que te quiera para siempre!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....