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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 764

"Lisandra"

Ya me estaba sintiendo mejor, pero aún esperaba los resultados de los exámenes en el hospital. Flavio estaba sentado a mi lado, quiso saber qué había pasado y por qué Patricio no estaba conmigo. Estaba tan sobrecargada que terminé abriéndome con mi hermano y le conté todo, pero no debí haberlo hecho, porque se puso furioso. Percibía toda su tensión y ya me estaba poniendo aún más nerviosa también. Y ya estaba impaciente ahí en esa camilla cuando Vinícius entró a la sala de atención.

—Buenas noticias, Lisa, salieron los resultados de tus exámenes. —Vinícius entró con esa manera amigable y alegre.

—Qué bueno, porque ya me quiero ir. —respondí.

—¿No sé por qué a nadie le gusta el hospital? —bromeó Vini y me reí—. Vamos a ver, chica, déjame ver si te doy de alta o si te interno.

—¿Internar? ¿Es grave, Vini? —Flavio saltó de la silla.

—No, no lo es. —Vinícius le sonrió a mi hermano—. Solo era una broma, Flavio. Pero, Lisa, tienes derecho al secreto médico, entonces si no quieres que tu hermano sepa de tu estado de salud tendrá que salir.

—No, está bien, doctor. Puede decir, ¿qué tengo? —Sonreí, sabía que si le pedía a Flavio que saliera rompería el hospital.

—Bueno, tienes una infección de garganta, entonces necesitas antibióticos. Tu hipoglucemia, por lo que veo, fue puntual, nada de qué preocuparse, fue solo efecto de muchas horas sin alimentarte. La fiebre es por la infección. Y lo demás fue estrés, lo que también baja la inmunidad y por eso te vuelves más susceptible a gripes, resfriados e infecciones.

—¿Solo eso? —pregunté aliviada.

—¡Sí! Necesitas salir de ese cuadro de estrés, entonces identifica la fuente y elimínala si es posible. —indicó Vinícius.

—Ah, pero puede dejarlo que yo mismo voy a eliminar esa fuente de estrés. —comentó Flavio y sabía que se refería a Patricio.

—Flavio, por favor, cálmate. —Le pedí a mi hermano, pero fue como tirar palabras al viento.

—Aquí está la prescripción de los antibióticos, analgésicos y antitérmico. Debes tomar los antibióticos por catorce días, los otros solo en caso de dolor o fiebre. —Vinícius me explicaba la receta—. Te voy a pedir que te alimentes bien e ingieras mucho líquido. Y si vuelves a sentirte mal, ven a verme, será un placer atenderte. —Me sonrió y le agradecí la gentileza—. Aquí está tu alta. La enfermera ya viene a ayudarte a cambiarte.

—Muchas gracias, Vinícius. —Agradecí al final y se retiró.

El celular de Flavio sonó y miró la pantalla completamente furioso. Ya me imaginaba quién estaba llamando. La enfermera entró y me ayudó a levantarme y ponerme los zapatos. Me entregó mi bolsa y busqué el celular, pero estaba descargado. Salí de ahí y encontré a Flavio regresando a buscarme.

En casa de Flavio, mi madre y la tía Lucinda me ayudaron a acostarme y me prepararon una sopa deliciosa. Mientras tomaba la sopa sentía los ojos ansiosos de las dos sobre mí.

—Pueden hablar. —dije antes de meterme otra cucharada de sopa a la boca.

—Lisa, ¿no crees que estás exagerando un poco? Es natural que Patricio esté preocupado por esa chica. —me preguntó mi madre. Por supuesto que Flavio ya le había contado todo a toda la familia.

—¿Estás loca, Inés? ¡Por supuesto que no está exagerando! ¿Dónde se ha visto, preocuparse por la ex mientras debería preocuparse por la novia? ¡Patricio está muy equivocado y me va a escuchar! —Tía Lucinda parecía tan brava como Flavio.

—¡Lucinda, Patricio tiene buen corazón, solo eso! —Mi madre volvió a defenderlo.

—¡Eso no es tener buen corazón, Inés! ¡Es ser estúpido! —Tía Lucinda se la iba a cobrar pesado a Patricio—. Ay, mi querida, discúlpame por que estés pasando por esto. —Me tomó la mano.

—Gente, está todo bien. Patricio hizo lo que pensó que era correcto. Me dio celos y me molesté porque le diera tanta importancia así a esa chica, pero está todo bien. —Traté de calmar a las dos madres a mi lado en la cama—. Ahora, si no les importa, me gustaría dormir un poquito, ¡tengo tanto sueño!

Estaba muy cansada y los medicamentos, que Flavio ya había comprado antes de llegar a casa, por lo visto me darían más sueño. Mi madre y la tía Lucinda salieron del cuarto llevándose la bandeja y me acosté. Pronto el sueño me abrazó y me dormí. Desperté con el sonido de voces apagadas viniendo del otro lado de la puerta, como si se hubiera instalado una confusión. Tenía la certeza de que Patricio estaba ahí. Me volteé hacia el otro lado y cerré los ojos ignorando totalmente ese ruido. Y no tardé en dormirme otra vez.

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