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Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita) romance Capítulo 811

"Lisandra"

Estaba encantada con ese lugar que Patricio compró para nosotros dos, pero estaba aún más encantada por el hombre frente a mí. Me cargó al cuarto en sus brazos y después de un beso que me robó los sentidos, se dedicó a quitarme el vestido. Parecía realmente querer mucho hacer eso. Me dio la vuelta y con gentileza y cuidado desató el lazo del corpiño y comenzó a jalar las cintas.

—Sabes, mi dulce, perdí la cuenta de cuántas veces soñé contigo en ese vestido —habló bajo en mi oído—. Era perturbador. Soñaba con ese primer beso y despertaba inquieto y molesto. Eras demasiado joven y no podía quererte tanto. Pero ahora...

Lentamente comenzó a jalar las faldas del vestido, deslizando sus dedos en mis muslos y haciendo que un escalofrío de anticipación corriera por todo mi cuerpo. Juntó toda la tela de las faldas alrededor de mi cintura y se agachó para morder ligeramente el lóbulo de mi oreja. Cada acción suya, cada palabra dicha, el tono de voz, todo era seductor e irresistible.

—Brazos arriba —dio la orden y obedecí.

Quitó el vestido con todo el cuidado sobre mi cabeza y se alejó. Cuando regresó me dio la vuelta y se paró frente a mí, sin ceremonia devorándome con ojos hambrientos y ansiosos.

—¡Ahora eres una mujer! Una mujer deslumbrante, la madre de mi hijo —sus ojos se posaron en mi barriga y sonrió—. No sé si es posible ser más feliz que esto. Y ahora puedo quererte, desearte, amarte para toda la vida.

Levantó la mano y tocó mi rostro. Cerré mis ojos y absorbí todo el calor que ese toque esparcía en mí. Cuando volví a abrir los ojos, vi que aún me miraba como si estuviera encantado. Dio un suspiro y me jaló a sus brazos, enlazando mi cintura me levantó del suelo y mientras me besaba caminó conmigo hasta la cama, haciéndome acostar despacio y suspendido sobre mí.

—Quietecita —dijo y se alejó para desvestirse, dándome la oportunidad de admirarlo un poco más, mientras se quitaba cada prenda con mucha menos sutileza de la que tuvo para quitarme mi vestido.

Se arrodilló en la cama y una por una me quitó las sandalias y las lanzó al suelo. Después, con una lentitud que más parecía un castigo me quitó la braguita. De rodillas sobre la cama me observaba como si fuera algo raro.

—¡Qué hermosa eres! —susurró.

Mi respiración se detuvo, estaba suspendida en mi deseo por él, como una marioneta esperando que jalara la cuerda que me daría vida. No era nuestra primera vez, pero de alguna manera era como si lo fuera, era muy diferente ahora. Ahora que sabía que tenía a su hijo en el vientre y que llevaba sus anillos en mi dedo, los anillos que me marcaban como suya.

—¡Respira, mi dulce! —Su sonrisa era como un regalo.

Mi piel estaba caliente y parecía que había trillones de terminaciones nerviosas conectadas dejándome súper sensible y súper consciente de cada movimiento suyo. Puso una mano en mi cadera y muy lentamente la subió hasta mi seno y bajó la copa del sostén, acompañando su mano con los ojos y mordiéndose el labio mientras lo hacía. Su pulgar rozó mi pezón y mi cuerpo cobró vida.

PAREJA 4 - Capítulo 176: Quitando el vestido 1

PAREJA 4 - Capítulo 176: Quitando el vestido 2

PAREJA 4 - Capítulo 176: Quitando el vestido 3

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