"Ricardo"
Conduje a mi casa con Anabel sentada a mi lado en un silencio cortante. Esa chica no era tonta, sabía exactamente lo que quería y cómo lo quería. Tuve que hacer un esfuerzo monumental para prestar atención al tráfico y no saltar encima de ella, que cruzaba y descruzaba las piernas haciendo que ese vestidito corto subiera aún más. Estaba sintiendo como si mi cuerpo estuviera despertando de un largo sueño y estaba despertando con mucha hambre.
Estacioné el auto en el garaje y abrí la puerta para que Anabel bajara. Salió mirándome con esos ojos que parecían en llamas. Abrí la puerta lateral, que daba acceso a la cocina y entramos. Indiqué el camino a la sala y ella pasó frente a mí. Aproveché para observarla caminando, tenía un andar ligero y elegante, pero el movimiento de su cadera realzado por ese vestido era una verdadera prueba de control.
Cuando llegamos a la sala, sin decir una palabra, me acerqué por detrás y pasé el brazo por su cintura pegándola a mi pecho. Jadeó y aparté su cabello del camino, gentilmente lo empujé todo hacia un lado y besé su cuello. Los vellos de su nuca se erizaron y le di un mordisquito suave ahí y se retorció pegada a mí.
—¿Estás segura de esto, Anabel? Después de que empiece, no voy a parar. —Le advertí que ese era un camino sin retorno.
—¡Si hay alguien dudando aquí, no soy yo! —Me iba a provocar hasta el límite de la razón y tal vez un poco más.
—Ah, chica, no estás viendo bien las cosas. No hay nadie dudando aquí. —Besé nuevamente su cuello y la dirigí al sofá.
De pie frente al sofá la volteé para que me mirara. Sus ojos capturaron los míos y sentí el fuego de sus ojos quemarme. Iba a besarla, por primera vez iba a besarla. Sostuve su cintura con las dos manos y la atraje hacia mí. Nuestras bocas colisionaron, sus labios temblaron en los míos y abrió la boca para recibir la mía. Nuestras lenguas se encontraron y fue como si algo calentara mi sangre y la hiciera correr demasiado rápido por mis venas.
Su beso era bueno, era tan hambriento como el mío, como si fuéramos a devorarnos. Nuestras lenguas luchaban y exigían más una de la otra. Sus manos subieron hasta mi nuca y sus dedos se enredaron en mi cabello, atrayéndome aún más hacia ella, como si estuviera determinada a no permitir que me alejara. Mis brazos se enrollaron en su cintura y la apreté contra mi cuerpo, mostrándole que no había ninguna duda en mí. Movió la cadera junto a la mía y mi estado de excitación fue a un nivel aún más alto.
Con cuidado la guié para que se acostara en el sofá, sin soltarla ni dejar de besarla, y me acosté sobre ella, encajando mi cadera en la suya, que abrió las piernas para acomodarme, y haciéndole sentir mi miembro duro como acero.
—¿Aún crees que estoy dudando? —Pregunté entre los besos y sentí que empujó la cadera contra la mía, como si quisiera sentir más.
—¡Aún no he visto nada! —Había malicia en su voz.
—Ah, chica, ¡te voy a mostrar! —Volví a besarla y subí su vestido hasta su cintura, sintiendo mis dedos rozar su piel suave.
Su piel estaba caliente como si tuviera fiebre y me quemaba junto con ella, haciendo que mi cuerpo entrara en combustión.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....