"Anabel"
No me gustó que Rick fuera a hablar con Leonel, era mi padre y conocía su personalidad. No estaría ahí si no tuviera algún interés, si no quisiera algo que lo favoreciera.
Rick se tardó en volver y ya estaba considerando ir hasta el vestíbulo del edificio y meterme en ese encuentro. No quería a Rick cerca de Leonel, porque no quería a mi padre cerca de las cosas buenas de mi vida. Siempre destruía todo. Pero sabía que Rick no quería que interfiriera, entonces me contuve. Terminé yendo hasta la cocina a preparar el café y fue ahí donde me encontró, de pie frente a la barra con una taza de café.
Entró sin decir nada, pero sentí su agitación, como si estuviera nervioso. Vino directamente hacia mí y pegó su pecho a mi espalda, dejándome atrapada entre la barra de la cocina y él. Sus manos subieron por mis muslos y sentí su aliento cálido en mi oreja.
—Paseando por ahí con mi camisa —susurró y me dio un mordisquito en la oreja. Sus manos subieron un poco más—. ¿Y sin tangas? —besó mi nuca.
—Siempre dices que son minúsculas y no cubren nada —respondí y sentí su sonrisa en mi cuello.
—No cubren nada, ¡pero adoro tus tangas! —respondió y sentí su pecho relajarse un poco—. Solo que así, ¡te ves irresistible, hermosa!
Sentí sus manos apretar mi cadera y una de ellas deslizarse hasta el medio de mis piernas. Subió la otra mano hasta mi seno y pellizcó mi pezón, de una forma más dura, que me hizo emitir un gemido y presionarme más contra su pecho firme, mientras su otra mano ya acariciaba mi sexo necesitado de atención.
Me dio una mordida en la unión de mi hombro con mi cuello y después pasó la lengua ahí, eso, sumado a lo que sus manos estaban haciendo, fue casi demasiado y me hizo suplicar.
—¡No puedes ser tan perfecta! —habló y me dobló sobre la barra, levantó la camisa, dejando mi trasero expuesto e hizo que separara las piernas—. ¿Sientes esto? ¿Sientes lo que me haces? —se curvó sobre mí y pegó su miembro duro contra mí y asentí—. Te quiero, aquí, ahora, sobre la barra de la cocina.
—Me tienes donde y cuando quieras, ¡Ricardo!
Lo sentí posicionándose para invadirme y sentí su mano sosteniendo la parte de atrás de mi cuello, entonces lo sentí sostener mi cadera con la otra mano y arremetió dentro de mí de un golpe. Siempre era deliciosa la sensación de recibirlo dentro de mí. Siempre la sensación de estar completa.
—¡Maldición! —maldijo cuando se alojó entero dentro de mí—. ¡Sí eres simplemente perfecta! —y con un gemido que invocó en mí una necesidad aún mayor, comenzó a moverse, cada vez más rápido, más profundo, más intenso.
El sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba por la cocina, así como nuestros gemidos mezclándose. Y cuando los dos llevamos nuestros cuerpos al clímax del placer, se curvó sobre mí, alojándose bien profundo, y susurró palabras de amor en mi oído, mientras trataba de recuperar el aliento, con una sonrisa de satisfacción plasmada en mi rostro.
—Te voy a llevar a la cama otra vez y continuar con esto ahí —declaró cuando, después de algunos minutos, dejó mi cuerpo, mientras jalaba el borde de la camisa hacia abajo y después me jalaba a sus brazos, cargándome, donde me acurruqué de buena gana.
—¿Y no quieres contarme nada? —me atreví a preguntar, recordando el motivo de que me hubiera encontrado en la cocina. Suspiró y no parecía querer hablar.
—Preferiría no contar, pero tampoco quiero dejarte en la oscuridad —habló como lamentando y cambió nuestro rumbo, yendo a sentarse en el sofá conmigo.



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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....