"Leonel"
Las palabras de Anabel dolieron hondo en mi alma, todo lo que quería era poder llamarla hija ahora y pedir perdón. No habría sufrimiento suficiente para mí que me hiciera pagar por el sufrimiento que le causé a ella. Pero no lograba hablar, ni siquiera lograba moverme para abrazarla o al menos tomar su mano. Pero me sorprendió otra vez y tocó mi mano, la que aún no estaba totalmente olvidada y ella apretó y cerré levemente mis dedos sobre su mano. Y siguió adelante con sus palabras.
—Papá, usted fue a mi casa y dijo que esperaba que algún día yo pudiera perdonarlo. Pues bien, estoy aquí, con mi corazón abierto para usted, para decir que lo perdoné. Todos esos días que lo visité en el hospital estaba trabajando en ese perdón y hoy estoy aquí porque lo perdoné. Y voy a estar aquí, una vez por semana vendré a verlo, puede esperarme, voy a sentarme aquí con usted y hablarle de la vida o solo sentarme y tomar su mano en silencio.
Me dio una sonrisa tan pura, tan genuina, que mi pecho se llenó de más que dolor y lamento. Sentí el amor que emanó y lamenté no poder decirle que la amaba y que la había aceptado como hija, desafortunadamente muy tarde.
—Y tengo novedades para contarle. —Habló con un leve tono de emoción y llevó mi mano hasta su vientre. —¡Estoy embarazada, de gemelos! Pronto voy a traer a sus nietos para que los conozca.
Emití un sonido de alegría al oír la noticia. Mi hija me estaba obsequiando no solo con su perdón y su amor, me estaba dando nietos, diciéndome que permitiría que conociera a sus hijos. Estaba feliz por ella, al mismo tiempo que estaba sintiendo mi corazón sangrar por no poder salir de mi prisión para abrazarla, para jugar con mis nietos, para probarle que sería digno de esa segunda oportunidad que me daba.
—Y me voy a casar, papá. El próximo sábado. Con Ricardo. Él es el amor de mi vida, el padre de mis hijos. ¿No es irónico eso? —Me preguntó con una sonrisa traviesa. —Es el hijo del hombre que usted pasó la vida odiando. Pero ellos son buenos, papá. Y él quiere venir a visitarlo. ¿Puedo traerlo, papá, cuando vuelva?
Asentí con la cabeza y traté de sonreír. Quería poder decir que estaría feliz de poder disculparme con Ricardo, que estaba feliz de que ella hubiera encontrado a un buen hombre. Quería poder decirle tantas cosas.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Jefe Irresistible: Rendida a su Pasión (de Maria Anita)
No se puede continuar la historia después de cap 284 ,Marca error y compré monedas,intente con otras historias y si se pueden desbloquear pero esta no,ojalá arreglen eso por que ya que regresa a lectura gratis,va con otra historia de personajes que no conocemos,nunca se sabe qué pasó con Heitor y Samantha al final....