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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 130

Charlotte recibió la noticia en su estudio y el impacto fue tal que tuvo que sostenerse del borde de su escritorio para no perder el equilibrio. Sus ojos, antes cargados de arrogancia, ahora reflejaban un pánico absoluto mientras procesaba las palabras de su abogado.

—¿Qué? —exclamó Charlotte con la voz quebrada por la incredulidad—. ¿Cómo pudo hacer eso ese imbécil? ¡Eran mis acciones, el legado de esta familia! ¿A quién demonios se las vendió?

El abogado de la familia, visiblemente incómodo, ajustó sus anteojos y consultó el registro de la transacción final.

—A la Condesa Eleonora Van de Berg —respondió el abogado con gravedad.

—¿La Condesa Van de Berg? —repitió Charlotte, frunciendo el ceño—. ¿Quién es esa mujer? ¿De dónde viene? Nunca he escuchado ese nombre en los círculos financieros de Nueva York.

—No lo sé con certeza, señora —admitió el hombre—. Es alguien sumamente importante y misterioso. Se mueve a través de los círculos nobles en Europa, pero tiene el capital suficiente para haber comprado su parte y la de Dustin sin pestañear.

Charlotte caminó de un lado a otro, golpeando el suelo con su bastón. El sonido resonaba en la habitación como una cuenta regresiva hacia el desastre.

—Tenemos que negociar con ella —sentenció la anciana—. Ofrécele lo que quiera, recuperaré esas acciones.

—Señora, me temo que no me ha entendido —la interrumpió el abogado—. La empresa ha quedado a la deriva. Usted ya no tiene ni voz ni voto en el consejo de administración; ha perdido su estatus legal dentro de Pierce Global. La única persona que puede hacer algo en este momento es la señora Grace Scott. Ella es la albacea legal de las acciones de Dominic y la única con el poder de voto suficiente para frenar cualquier reestructuración que esa mujer intente imponer.

Charlotte resopló, sintiendo cómo la bilis se le subía a la garganta ante la humillación que se avecinaba. Se dejó caer en su silla de terciopelo, derrotada por la propia ambición de su nieto favorito.

—Maldición —masculló entre dientes—. Esa mujer quiere que me arrastre... sabe que la necesito para no perderlo todo.

Tras un largo silencio, Charlotte cerró los ojos y dejó escapar un suspiro profundo, cargado de una amargura que nunca antes había sentido.

—Pues lo haré —dijo finalmente, con una resolución gélida—. Me arrastraré si es necesario, pero Pierce Global no terminará en manos de desconocidos mientras yo siga respirando. Voy a buscar a Grace.

****

Dominic apretó el teléfono contra su oreja con tanta fuerza que los nudillos se le tornaron blancos. La rabia le recorría el cuerpo, sustituyendo cualquier rastro de la calma que sentía minutos antes.

—¿Cómo? —exclamó Dominic, con los ojos encendidos mientras caminaba de un lado a otro de la estancia—. Entonces el imbécil de Dustin no cometió el fraude. ¿Por qué no me avisaron antes? Tengo que hacer algo, hablar con esa mujer y saber quién es ahora mismo.

Al otro lado de la línea, se escuchó el suspiro pesado de Anthony.

—Se trata de la Condesa Eleonora Van de Berg —respondió el abogado con tono grave.

Dominic se quedó inmóvil por un segundo. El nombre resonó en su mente de una manera extraña, nunca había escuchado ese nombre, pero sintió un extraño estremecimiento en su cuerpo.

—¿Es belga? —preguntó Dominic, entornando los ojos.

Cap. 130: La condesa Eleonora Van de Berg 1

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