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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 129

Dominic y Grace llegaron al apartamento de Sarah acompañados de Derek y Doménica. Antes de entrar, todos cumplieron estrictamente con las medidas de seguridad sanitaria, utilizando mascarillas y desinfectante, conscientes de que Arthur se encontraba en una etapa crítica de recuperación tras su trasplante de células por la leucemia.

Dominic, manteniendo su papel y fingiendo que su memoria seguía siendo una hoja en blanco, cargaba varias cajas de regalos para el pequeño. Al entrar, Arthur soltó un grito de alegría que hizo que sus ojos brillaran.

—¡Papá Dominic! —exclamó el niño, extendiendo sus brazos con emoción.

Dominic se acercó con cautela, fingiendo procesar la información, mientras Derek y Doménica observaban a Arthur con curiosidad.

—Papá —preguntó Derek, mirando alternativamente a Arthur y a su hermana—, ¿los tres somos hermanos?

Sarah se quedó helada, sin saber cómo explicar la compleja red familiar a niños de apenas seis años. Fue Grace quien dio un paso al frente con serenidad.

—Sí, niños, ustedes son hermanos —respondió Grace con voz suave—. Son muy pequeños para entenderlo todo ahora, pero aunque Arthur sea hijo biológico de Maxwell y no lleve la sangre de Dominic, Dominic siempre será su papá. De la misma forma que Maxwell no dejará de ser un padre para ustedes.

Los mellizos intercambiaron miradas de confusión, pero la idea de tener un nuevo compañero de juegos los convenció de inmediato.

—Está bien —dijo Doménica con una sonrisa—. Me gusta tener otro hermano.

Dominic, actuando con una confusión calculada, intervino con tono pausado.

—Aún no asimilo todo esto... pero me hace feliz saber que tengo tres hijos. Deben quererse siempre como hermanos.

Sin embargo, Arthur frunció el ceño mientras miraba fijamente a la niña.

—Pero Doménica está muy bonita —soltó Arthur con total sinceridad—. Yo no quiero que sea mi hermana, quiero que sea mi novia.

Dominic se atragantó de golpe, soltando una tos nerviosa que casi rompe su actuación. Sarah se apresuró a intervenir, con el rostro encendido.

—¡Arthur! Estás muy pequeño para pensar en esas cosas de novios —le reprendió suavemente.

—Solo son niños, Sarah —añadió Grace, tratando de aligerar la tensión con una sonrisa.

—Soy un niño, pero papá Maxwell dice que en la vida hay que aprovechar cada instante —replicó Arthur con una madurez que dejó a los adultos en silencio.

Doménica ladeó la cabeza, observando a Arthur con inocencia.

—Yo ni siquiera sé qué es eso de tener novio —admitió la pequeña—, pero podemos ser amigos y jugar con los regalos.

****

Grace caminó hacia Sarah, manteniendo una distancia profesional mientras los niños seguían inmersos en sus juegos en el otro extremo de la habitación.

—Gracias por permitir que mi Arthur conviva con tus hijos —dijo Sarah con sinceridad, observando cómo el pequeño sonreía junto a los gemelos.

Grace la miró con serenidad, sin rastro de hostilidad, pero con una firmeza que marcaba sus límites.

—No lo hago por ti —replicó Grace con voz suave pero directa—. Lo hago por el niño, por mis hijos y por Dominic. Ellos merecen crecer conociendo la verdad de su vínculo.

Grace sacó de su bolso una carpeta con varios folios y se la extendió.

—Por cierto, como Dominic no recuerda las cosas, su abogado me pidió darte esto, debes firmar estos documentos —añadió—. Son los papeles del divorcio. Lee con calma y, si estás de acuerdo con los términos, pon tu firma.

Sarah agarró los documentos sin titubear. Ni siquiera se molestó en revisar las cláusulas o las compensaciones económicas; simplemente buscó el espacio en blanco al final de la última página y firmó con una rapidez que sorprendió a Grace.

—Ya está —sentenció Sarah, devolviéndole la carpeta—. Ahora Dominic es libre. Es lo menos que puedo hacer por ustedes después de todo el daño que causé. Espero que esta vez logren ser felices de verdad.

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