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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 168

La voz de Dominic resonó como el rugido de un trueno en el pasillo de la unidad coronaria. El CEO apareció a paso firme, con los ojos oscuros fijos en su abuela, destilando una frialdad y un desprecio tan letales que congelaron el aire. Grace dio un paso atrás, aliviada, mientras Dominic se plantaba frente a la anciana como una muralla infranqueable.

—¿Cómo te atreves a venir acá después de todo lo que has hecho? —siseó Dominic, con la mandíbula tan apretada que las venas de su cuello se marcaban con fuerza.

Charlotte, aunque sintió un sutil escalofrío ante la imponente presencia de su nieto, intentó recomponer su postura altiva y levantó el mentón, sosteniéndole la mirada con la soberbia que la caracterizaba.

—Es un hospital público, Dominic —declaró la vieja con cinismo, acomodándose el abrigo—. Nadie puede prohibirme el acceso a un lugar así. Vine a ver el circo que tienen armado.

—Pues yo te lo prohíbo —sentenció Dominic con una voz que no admitía réplicas.

Sin importarle los modales ni la fragilidad que la anciana fingía tener, Dominic la agarró del brazo con fuerza, lo suficiente para hacerla caminar, y comenzó a arrastrarla a paso rápido hacia la salida del piso y los ascensores.

—¡Suéltame! ¡Suéltame, salvaje! —comenzó a chillar Charlotte, intentando zafarse del agarre de acero de su nieto mientras los enfermeros y el personal de seguridad observaban atónitos—. ¡Dominic, mírame! ¡Soy tu abuela! ¡Soy tu sangre! ¡Me debes respeto!

Dominic se detuvo en seco justo frente a las puertas del ascensor, pero no la soltó. Se inclinó hacia ella, acortando la distancia hasta que Charlotte pudo ver el asco profundo que se reflejaba en las pupilas de su nieto.

—No eres nada mío, Charlotte —le espetó Dominic, con una frialdad que caló hasta los huesos de la anciana—. Olvida que soy tu nieto. Olvida que compartimos el mismo apellido. Para mí estás muerta. No quiero volver a verte jamás en lo que me queda de vida. Si te vuelves a acercar a Grace, a mis hijos o a mi madre, te juro por lo más sagrado que usaré todo mi poder para refundirte en una celda.

Las puertas del ascensor se abrieron con un tintineo sutil. Dominic la empujó suavemente hacia el interior de la cabina y soltó su brazo.

Charlotte se quedó estática, con la respiración entrecortada y la rabia ardiendo en sus ojos. El pasado se le venía encima. Las puertas de metal se cerraron lentamente, sepultándola en su propia soledad.

Dominic regresó a la sala de espera con las pulsaciones todavía al límite y la mandíbula tensa. Se detuvo frente a Grace, respirando con dificultad mientras intentaba asimilar la enorme repulsión que le provocaba su propia sangre.

—Voy a denunciar a mi abuela, Grace —declaró Dominic, con una frialdad cortante en la voz—. Ella no puede andar por el mundo haciendo maldades y seguir por la vida sin recibir su merecido castigo. Se acabó el respeto por la familia.

Grace asintió despacio, cruzándose de brazos y sosteniéndole la mirada con total firmeza.

Cap. 168: Redoblen la vigilancia. 1

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