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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 167

Grace caminó por el pasillo del hospital, divisando a Nikolai a unos metros de la entrada. El ruso lucía impecable, con un traje oscuro perfectamente planchado, dando la impresión de que apenas se había cambiado de ropa en su apartamento antes de regresar corriendo al hospital para no despegarse del lugar.

—Nikolai —lo saludó Grace, deteniéndose a su lado—. Veo que ya está de vuelta. ¿Cómo sigue la condesa? ¿Qué han dicho los médicos esta mañana?

Nikolai enderezó la espalda, manteniendo su postura vigilante, aunque sus ojos reflejaban un sutil rastro de alivio.

—Los médicos dicen que pasó la noche estable y sin ninguna novedad, señora Grace —respondió el ruso con su habitual voz ronca—. El nuevo corazón está trabajando bien.

—Me alegro muchísimo, es una excelente noticia —asintió Grace, esbozando una pequeña sonrisa, pero luego lo miró con fijeza—. Pero ahora usted debe ir a comer algo. Vaya a alimentarse bien, Nikolai; la condesa lo va a necesitar fuerte y con energía para todo el proceso de recuperación que se viene. Seguramente Charlotte no se va a quedar de brazos cruzados después de lo que hizo.

Nikolai tensó la mandíbula al escuchar el nombre de la matriarca Pierce, y sus puños se cerraron levemente a los costados de su cuerpo.

—Eso es seguro, esa mujer es capaz de cualquier cosa —siseó el ruso con frialdad—. Pero ahora la condesa ya no está sola. Tiene a su hijo, nos tiene a nosotros.

—Así es, no está sola —coincidió Grace, dándole una palmada afectuosa en el hombro—. Pero hágame caso y vaya a la cafetería. No le vaya a dar un sufrimiento innecesario a la condesa si usted se llega a enfermar por no comer. Vaya tranquilo, yo me quedo aquí cuidando el piso.

Nikolai lo pensó por un par de segundos, dándose cuenta de la sensatez en las palabras de Grace. Asintió con un leve gesto de la cabeza y caminó hacia los ascensores para dirigirse al restaurante del hospital.

Grace exhaló un suspiro y se sentó en una de las butacas de la sala de espera, dispuesta a aguardar el siguiente reporte médico. Sin embargo, el sonido metálico de unos tacones contra el suelo interrumpió la paz del pasillo. Al levantar la vista, Grace sintió que la sangre se le helaba: Charlotte Pierce aparecía caminando por el pasillo, campante como siempre, con su elegante abrigo y una expresión de absoluta superioridad en el rostro, como si fuera la dueña del lugar.

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