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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 175

Nikolai salió de la unidad de cuidados intensivos con paso firme, pero su semblante inexpresivo mostraba un sutil cambio. Se detuvo frente a Dominic.

—Dominic, su madre quiere verlo —anunció con su habitual voz ronca, sosteniéndole la mirada.

Al escuchar esas palabras, Dominic sintió una opresión brutal en el pecho, como si el aire se hubiera congelado en sus pulmones. El imponente CEO de Global Pierce se quedó paralizado en su sitio, abrumado por el peso de los años de distancia y los reclamos injustos que le había hecho a la mujer que le dio la vida.

Grace, que no se había apartado de su lado, le tomó la mano con fuerza, entrelazando sus dedos para transmitirle su calor.

—Tú puedes —le dijo Grace mirándolo a los ojos, con una dulzura inquebrantable—. Has esperado por este momento toda tu vida, Dominic. Yo estoy aquí para apoyarte, no estás solo.

Grace se inclinó, lo abrazó por el cuello con fuerza y le dio un beso tierno en los labios, intentando disipar el frío que lo dominaba. Dominic se aferró a ella por un segundo, respirando su aroma para anclarse a la realidad.

—Gracias, Grace... —susurró él, con la voz quebrada y la mandíbula tensa—. Tengo miedo. No sé por dónde empezar.

—Quizás por pedirle perdón —le sugirió ella con suavidad, regalándole una mirada llena de paz.

Dominic soltó un suspiro largo, se armó de valor y soltó la mano de su prometida. Caminó hacia la pesada puerta, la empujó despacio y entró a la habitación.

Al dar los primeros pasos y escuchar el pitido del monitor, toda su armadura de hombre de negocios implacable se desmoronó por completo. Ver a Leonor tan frágil en esa camilla, conectada a los aparatos pero con los ojos abiertos, lo desarmó. Dominic no pudo contenerse; antes de que pudiera articular palabra, los ojos se le llenaron de lágrimas que comenzaron a resbalar sin control por sus mejillas, mostrando al ser humano herido que llevaba dentro.

Leonor lo vio y el alma se le expandió en el pecho. Fue ella quien habló primero, con una voz ronca y jadeante por el esfuerzo de la intubación previa.

—Dominic... —susurró, extendiendo una mano débil hacia él.

—Mamá... —consiguió decir él en un hilo de voz.

Al escuchar esa palabra, el rostro de Leonor se iluminó y una profunda emoción la embargó, haciendo que las lágrimas brotaran de sus propios ojos.

—Cuántos años esperé este momento... —dijo ella, con el pecho agitado por el llanto—. No lo puedo creer... Estás aquí, mi hijo.

Dominic se acercó a toda prisa, cayó de rodillas junto a la camilla y tomó su mano desvalida entre las suyas, llevándosela a los labios mientras sollozaba sin contenerse.

—No hables, por favor —le pidió él, con la voz rota por el llanto, acariciándole los dedos—. Estás muy delicada aún, mamá. Tienes que descansar.

Leonor negó levemente con la cabeza, apretando la mano de su hijo con las pocas fuerzas que tenía.

—Gracias... gracias por salvarme la vida, mi amor —le dijo ella, mirándolo con un amor inmenso que borraba cualquier rastro de pasado.

Cap. 175: Reencuentro madre e hijo. 1

Cap. 175: Reencuentro madre e hijo. 2

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