Al salir de la sala de juntas, André se levantó de inmediato del sillón de la recepción y se acercó a paso rápido al señor Li Wei. Sin embargo, antes de que el hombre pudiera articular una sola palabra o preguntar cómo había ido la reunión, el asiático lo detuvo en seco con una mirada gélida.
—Está despedido, André —le informó el señor Li Wei con una voz cortante y sin el menor rastro de emoción—. Su contrato y sus poderes como representante en Norteamérica han sido revocados de inmediato. Recursos Humanos le enviará la notificación formal.
André abrió los ojos de par en par, perdiendo toda la compostura. El color se le fue del rostro.
—¿Qué? Señor Li, esto es una equivocación, usted no puede... —intentó protestar André, dando un paso hacia él, pero el inversionista asiático lo ignoró por completo, le dio la espalda con desprecio y se alejó por el pasillo hacia el ascensor junto a sus asistentes.
Dominic, que observaba toda la escena apoyado contra el marco de la puerta de la sala de juntas, esbozó una sonrisa ladeada, cargada de una satisfacción fría y letal. Dio un paso al frente, clavando sus ojos grises en el hombre que había intentado destruirlos.
—Tantos años de amistad, André, y nunca aprendiste que como amigo soy bueno, pero como enemigo soy tu peor pesadilla —le soltó Dominic con un tono pausado y demoledor.
André apretó los puños, la mandíbula le tembló por la furia contenida y dio un paso hacia el CEO, derramando todo el veneno que tenía guardado.
—No cantes victoria, Pierce —le espetó André con los ojos inyectados en sangre y una voz que prometía destrucción—. La venganza es un plato que se come frío. Esto no se va a quedar así.
Sin decir más, André dio media vuelta y caminó a zancadas hacia la salida, arrastrando su furia.
Grace, que se había colocado al lado de Dominic, sintió un escalofrío repentino que le recorrió la espalda al ver la intensidad del odio en la mirada de André. Se abrazó a sí misma por instinto.
—Con André debemos tener mucho cuidado, Dominic —advirtió ella con preocupación en el rostro—. Está acorralado y los hombres así son capaces de cualquier locura.
—Lo sé —respondió él, perdiendo la sonrisa y rodeándola por los hombros para pegarla a su cuerpo—. Por eso mismo tú no vas a andar sola de ahora en adelante, y los niños tampoco. Mi equipo de seguridad ya estan tomando medidas.
—Tú tampoco debes confiarte —le replicó Grace, mirándolo con seriedad—. Todos nosotros necesitamos seguridad ahora. No te expongas.
Dominic se inclinó y le besó los labios con una ternura infinita, buscando transmitirle toda la calma que él representaba para ella.
—Ustedes son mi absoluta prioridad, sé cuidarme perfectamente —le aseguró el CEO con firmeza—. Pero ven, vamos a la oficina, necesitas sentarte y descansar.
Grace rodó los ojos con una sutil sonrisa, intentando aligerar la tensión del momento.
—Ya vas a empezar, Dominic. Me siento perfectamente bien.
—De todos modos, estás embarazada y lo último que quiero es que te estreses por estos idiotas —replicó él, guiándola con suavidad hacia el escritorio presidencial—. Ven, revisemos los últimos informes financieros de una vez; quiero ver exactamente qué tan graves fueron las pérdidas por el escándalo del video.


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