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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 180

—¿Ahora? —preguntó ella, aún con la respiración agitada y apoyada en su hombro—. Luego de lo que acaba de pasar entre nosotros, ¿tenemos que hablar?

Maxwell la miró fijamente, con la sombra de la culpa ensombreciendo sus facciones.

—Sí. Es importante, Sarah. No puedo seguir ocultándotelo.

Ella lo escrutó por un segundo, sintiendo cómo la calidez del momento se evaporaba de golpe. Se levantó del sofá y recogió del suelo su ropa interior y su blusa para ponérselas a toda prisa. Luego, tomó de la alfombra la camisa y el bóxer de Maxwell y se los lanzó con brusquedad.

—Habla —le ordenó, cruzándose de brazos, con la postura rígida en mitad de la sala.

Maxwell se sentó en el borde del sofá, se pasó una mano por el rostro y exhaló un suspiro pesado antes de ponerse la ropa. Evitó mirarla a los ojos al principio.

—Sarah, yo cometí un error muy grave hace años... justo después de que tu papá me despidió de su empresa.

Sarah se puso pálida al instante. El aire pareció congelarse en la estancia y sintió un vuelco desagradable en el estómago. La mención de su padre y de esa época turbia siempre traía malos presagios.

—¿Qué hiciste, Maxwell? —preguntó en un hilo de voz, temiendo la respuesta.

—Estaba desesperado, resentido y con una ambición ciega —confesó él, levantando la mirada para sostenerle el rostro—. Unas personas se me acercaron. Sabían que conocía el negocio y me ofrecieron un trato: usar cuentas fachada y mover un capital de procedencia evasiva, dinero de paraísos fiscales que necesitaba ser blanqueado en el circuito comercial. Me presté para eso. Utilicé ese dinero para fletar los primeros barcos y montar la estructura de lo que hoy es mi empresa de logística internacional. Después, cuando generé mis propias ganancias limpias, devolví cada centavo de ese capital inicial para desvincularme de ellos, pero el origen de mi negocio está manchado.

Sarah retrocedió un paso, tapándose la boca con una mano, horrorizada. La indignación y la decepción le encendieron la mirada en un segundo.

—No lo puedo creer... ¡Eres un mentiroso, Maxwell! ¡Un delincuente! —le reclamó a gritos, con la voz quebrada por la rabia—. ¿Con ese dinero sucio construiste tu maldito imperio? ¿Diciéndome que lo habías logrado con puro esfuerzo? Me das asco.

Maxwell se levantó del sofá de golpe, perdiendo la paciencia. El insulto le dolió en lo más profundo, transformando su culpa en un resentimiento defensivo y brutal.

—¡Tú no tienes ningún derecho a juzgarme, Sarah! —le espetó, acortando la distancia con los ojos inyectados en sangre—. No te pongas en el altar de la moralidad conmigo. Le hiciste creer a todo el mundo que Dominic era el padre de Arthur. Mientras te entregabas a mí, te fuiste a meter en la cama de él para asegurar tu futuro. ¡Así que en el fondo somos exactamente iguales!

—¡Yo tenía motivos para hacer lo que hice! —le gritó ella, defendiéndose con desespero, con las lágrimas a punto de caer de la pura rabia.

Cap. 180: Negocios turbios. 1

Cap. 180: Negocios turbios. 2

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