Dominic empujó la puerta de la habitación despacio. Al ver a Grace recostada en la cama, tan pálida y conectada a la solución intravenosa, sintió que el pecho se le oprimía de una forma dolorosa. Se acercó a la cama a paso lento y se sentó en una silla lateral, tomando su mano con un temblor que no pudo ocultar. Las lágrimas, contenidas durante todo ese infierno de sangre y disparos, finalmente aparecieron en sus ojos grises.
—Lo siento tanto, cariño… —susurró Dominic con la voz rota, besando los nudillos de su esposa mientras una lágrima le corría por la mejilla—. Si yo hubiera estado ahí… si tan solo no me hubiera ido a ese hospital, nada de esto te habría pasado. Debí protegerte.
Grace, aunque debilitada, esbozó una sonrisa llena de ternura. Con un esfuerzo lento, levantó la otra mano y la posó en la mejilla de Dominic, limpiando el rastro de su llanto con el pulgar.
—No te culpes, mi amor —le dijo en un hilo de voz, pero con una firmeza que lo hizo reaccionar—. Tú no sabías lo que iba a pasar, nadie podía prever tanta maldad. No te hagas esto, por favor. ¿Cómo están los niños? Dime la verdad.
—Están bien y completamente seguros, te lo prometo —la tranquilizó él de inmediato, inclinándose para besarle la frente—. Mis hombres los tienen bajo un resguardo absoluto, Arthur ya está controlado de su crisis de asma y todos están juntos. Pero ahora tú eres la que debe cuidarse, Grace. Solo tú. El médico dice que el riesgo no ha pasado.
Grace suspiró, cerrando los ojos por un segundo mientras asentía con suavidad.
—Lo sé… sentí tanto miedo de perderlo —confesó, y su voz tembló al recordar el dolor físico en el clóset—. Pero nuestro bebé es tan fuerte como tú, Dominic. Continuó con vida a pesar de todo el peligro.
—Y es valiente como tú —añadió Dominic, sintiendo un profundo orgullo—. Pero quiero que descanses, no pienses en nada más. Me quedaré aquí a cuidarte cada minuto, no me voy a mover de tu lado.
Grace guardó silencio un momento, y la sombra de la preocupación volvió a notar en sus ojos antes de preguntar:
—¿Y Maxwell? Dominic… él se plantó como un escudo frente a nosotros. Recibió ese impacto por mí, por los niños. ¿Cómo está?
—Lo están operando en este mismo momento —respondió Dominic, manteniendo el tono calmado para no alterarla—. Sarah está afuera esperándolo. Es un hombre duro, Grace, seguro estará bien, tranquila. Le debo la vida de mi familia y no voy a escatimar en nada para que se recupere.
Dominic se inclinó sobre la cama, rodeándola con sus brazos en un abrazo sumamente delicado, cuidando de no lastimarla, pero aferrándose a ella con fuerza. Grace escondió el rostro en su cuello, sintiendo su respiración y encontrando la tranquilidad que tanto necesitaba.
Al separarse apenas unos centímetros, Dominic deslizó su mano grande por debajo de la sábana, hasta posarla sobre el vientre aún plano de Grace. Se quedó mirando ese punto fijo, con los ojos empañados. Inclinó la cabeza y, pegando los labios casi a la piel, habló con total sinceridad.


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