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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 187

Sarah empujó la puerta de la habitación con cuidado. Al acercarse a la cama, ver a Maxwell tan pálido y conectado a las máquinas le apretó el corazón. Se sentó a su lado, tomó su mano grande, que se sentía fría, y la rodeó con las suyas mientras las lágrimas comenzaban a correrle por las mejillas de nuevo.

—Gracias a Dios estás vivo —le susurró con la voz quebrada por el llanto, mirándolo con una mezcla de amor y reproche—. Pero eres un impulsivo, Maxwell... ¿Por qué te arriesgaste de esa manera? Podías morir, podías dejarme sola. No sé qué habría hecho si te perdía.

Maxwell no se movió, sumido en el sueño profundo de la anestesia, pero Sarah no soltó su mano ni un segundo, apretándola contra su pecho.

—Tienes que recuperarte muy rápido, ¿me oyes? —continuó en un murmullo, limpiándose las lágrimas con el dorso del brazo—. Yo misma voy a cuidar de ti cada día, no te voy a dejar solo. Te amo, Maxwell, lo sabes perfectamente. Tú siempre has sido mi gran amor, a pesar de todos nuestros errores y de la distancia, nadie ha ocupado tu lugar.

Sarah se inclinó sobre él, acarició su frente con delicadeza y le plantó un beso suave en los labios. Luego, sabiendo que debía dejarlo descansar para que recuperara fuerzas, soltó su mano despacio y salió de la habitación, sintiendo por fin que la tormenta empezaba a pasar.

Dominic la encontró en el pasillo justo cuando ella salía de la habitación de Maxwell. Al verla un poco más calmada, se acercó de inmediato a paso rápido.

—¿Cómo salió todo, Sarah? ¿Qué te dijeron de Maxwell? —preguntó él con urgencia.

Sarah exhaló un suspiro, limpiándose los restos de lágrimas de las mejillas.

—La bala entró y salió limpia, no tocó ningún órgano vital. Perdió mucha sangre y está muy débil, pero el médico dice que se va a recuperar por completo. ¿Y Grace? ¿Cómo está ella?

—Está mejor, la hemorragia se detuvo y el bebé está a salvo, pero tiene que quedarse internada bajo observación estricta —respondió Dominic, sintiendo que la presión en su pecho disminuía un poco. Luego, la miró con seriedad—. Sarah, quiero pedirte un favor. Yo necesito quedarme esta noche aquí a cuidar a Grace, no la voy a dejar sola. Pero los niños deben estar muy asustados en el refugio por todo lo que pasó en el apartamento. Por favor, ve con ellos.

—Claro, por supuesto que voy, solo dile a tus guardias que me lleven a donde los tienen —asintió ella de inmediato. Sin embargo, Sarah se detuvo un momento y lo miró fijamente—. Pero, Dominic... deberías venir un momento a verlos primero. No creo que esos malditos vuelvan a atacar a Grace aquí en el hospital con toda la seguridad que pusiste. Tus hijos se van a sentir tranquilos si te ven, deben estar aterrados. Van a preguntar por su madre y van a querer respuestas. Yo como mamá de Arthur puedo contenerlo a él, pero a tus mellizos no lo sé, te necesitan a ti.

Dominic se tensó, procesando sus palabras mientras el remordimiento por estar dividido entre su esposa y sus hijos lo golpeaba.

—Tienes razón —admitió Dominic con un asentimiento brusco—. Espérame un momento aquí afuera, le aviso a Grace y voy contigo.

Dominic dio media vuelta, entró de nuevo a la alcoba de su esposa y se acercó a la cama. Grace lo miró con curiosidad al verlo regresar tan pronto.

Cap. 187: Asustados y temerosos. 1

Cap. 187: Asustados y temerosos. 2

Cap. 187: Asustados y temerosos. 3

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