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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 188

A Dominic se le partió el corazón en mil pedazos al ver el terror en los ojos de sus mellizos. Los apretó un poco más contra él antes de responderles con total seguridad.

—Su mamá está bien, campeones. Tuvo que quedarse en el hospital para que los doctores la revisaran, pero ya está fuera de peligro. Muy pronto estará aquí con nosotros, así que ya no hay nada que temer. Papá está aquí.

Para intentar cambiar el ambiente de la casa y distraerlos un poco del shock, Dominic ordenó a sus hombres que compraran varias cajas de pizza. Sarah, de inmediato, se mostró alerta y preocupada por la salud de su hijo.

—Arthur, cariño, ya han pasado meses desde que saliste de la clínica por lo de tu trasplante de células madre y tu estómago está mucho mejor, pero no quiero que abuses de la pizza —le dijo Sarah con tono protector, mientras sacaba los frascos del bolso—. Primero tienes que tomarte tus medicinas para el asma y tus inmunosupresores.

Arthur asintió más calmado y obedeció, tomándose los medicamentos bajo la estricta mirada de su madre. Dominic se sentó en la alfombra junto a sus hijos, abriendo las cajas de comida y forzando una sonrisa para devolverles la normalidad que esos malditos les habían robado horas antes.

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En otra ala del hospital general, Charlotte permanecía en su cama, con la mente fija en la información que le habían proporcionado una enfermera: Grace estaba internada en ese mismo lugar, delicada y embarazada. La sola idea de que su nieto fuera a tener otro heredero con esa mujer le carcomía las entrañas de pura rabia. Con el rostro endurecido por la malicia, la anciana oprimió el botón de asistencia y, en cuanto la enfermera de turno entró a la suite, la miró con frialdad imperiosa.

—Quítame todos estos aparatos ahora mismo —le ordenó Charlotte, con un tono soberbio que no admitía réplicas—. Voy a salir a caminar por el pasillo. Muévete.

La enfermera, intimidada por la reputación y el carácter de la matriarca, obedeció de inmediato, desconectando los electrodos del monitor cardíaco que solo servían para simular una gravedad inexistente. Charlotte se sentó en el borde de la cama, acomodándose la bata con desprecio, lista para ponerse en pie e ir a buscar la habitación de Grace para descargar su veneno.

Sin embargo, justo cuando la enfermera terminaba de retirar los cables y Charlotte se disponía a levantarse, la puerta de la suite se abrió de par en par de forma abrupta. Charlotte se sobresaltó, pero su desconcierto se transformó en una profunda irritación al ver entrar a Anthony Lennox, seguido de cerca por un fiscal del Estado y tres oficiales de la policía firmemente uniformados.

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