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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 193

Dominic condujo a toda velocidad de regreso a la casa de seguridad, con la mente trabajando a mil por hora. Tenía que dejar a los mellizos a salvo con Grace antes de salir corriendo hacia la clínica donde estaba Sarah, pero sabía perfectamente que no podía alterar a su esposa con la noticia del arresto de Maxwell; su embarazo por ahora era de alto riesgo y cualquier impacto emocional fuerte podía ser peligroso.

Al cruzar el umbral de la casa, Grace los recibió en la sala con una sonrisa de alivio. Dominic se acercó a ella de inmediato, le plantó un beso rápido en los labios y la tomó de los hombros con suavidad.

—Mi amor, estoy de vuelta —dijo Dominic, tratando de mantener la voz lo más serena posible—. Pero tengo que volver a salir de inmediato. Surgió una urgencia de último momento con Anthony y necesito resolverla ya.

Grace frunció el ceño, notando la sutil tensión en su mandíbula. Aunque sabía perfectamente que él se había llevado a los niños para que conocieran a Leonor, su repentina prisa la descolocó.

—¿Una urgencia? Dominic, ¿qué pasó? ¿A dónde vas con tanta prisa? —empezó a preguntar ella, con la preocupación asomándose en sus ojos.

Antes de que Dominic tuviera que inventar una excusa para no revelar lo de Maxwell, Doménica se interpuso entre los dos, saltando de la emoción y jalándole el suéter a su mamá.

—¡Mamá, mamá! ¡Ya la vimos! —chilló la niña con los ojos brillantes, interrumpiendo el tenso momento—. ¡Fuimos a ver a la condesa, la abuela Leonor!

—¡Sí, mamá! —interrumpió Derek, metiéndose en la conversación con los brazos abiertos—. Y no tiene colmillos, ni duerme en un ataúd, ¡y en su cuarto no está el conde Drácula! Papá tenía razón, es una señora muy buena. No había nada de monstruos en ese hospital.

Grace parpadeó, soltando una risa limpia ante la ocurrencia de los niños, y una mirada de pura ternura desplazó su angustia por la salida de Dominic.

—¿Ah, sí? ¿Conocieron todos los secretos de la abuela? —preguntó Grace, agachándose para quedar a la altura de los mellizos, mientras Doménica empezaba a relatarle a toda prisa, con lujo de detalles, cómo la habitación de la clínica no tenía murciélagos ni vampiros escondidos.

Dominic aprovechó el tierno alboroto para dar un paso atrás. Miró a Grace con una mezcla de amor y alivio, agradeciendo internamente la inocencia de sus hijos que lo había salvado de dar más explicaciones sobre su paradero. Le hizo una última seña con la cabeza, asegurándole con la mirada que todo estaba bajo control, y salió rápidamente de la casa de seguridad rumbo al hospital, dejando atrás las risas de su familia para enfrentarse al caos de Maxwell.

Dominic apresuró el paso por el pasillo de la clínica hasta que divisó a Sarah. Estaba sentada en una de las bancas de la sala de espera, con el rostro hinchado por el llanto y Arthur profundamente dormido en sus brazos, ajeno al caos. Al ver llegar a Dominic, Sarah levantó la mirada con una mezcla de alivio y desesperación.

—¿Qué ocurre, Sarah? —preguntó Dominic en voz baja, agachándose frente a ella para no despertar al niño—. Háblame claro. ¿Por qué arrestaron a Maxwell?

Cap. 193: Mentira piadosa. 1

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