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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 211

Nikolai mantuvo las manos firmes sobre el volante, con la vista clavada en la carretera. Por fuera, su rostro no mostraba la menor emoción; era la misma máscara de hielo de siempre. Sin embargo, por dentro, la incertidumbre lo estaba carcomiendo. No quería sonar entrometido ni parecer ansioso, pero el silencio dentro del auto se le hacía insoportable.

—¿Cómo le fue con el señor Pierce, mi señora? —preguntó al fin, con su habitual tono seco y profesional.

Leonor, sentada en el asiento trasero, miró por la ventana y sonrió para sus adentros, decidida a seguir probando la resistencia del ruso.

—Bastante bien, Nikolai —respondió ella, fingiendo un tono nostálgico—. Creo que, donde hubo fuego, cenizas quedan.

Al escuchar esas palabras, Nikolai sintió un vuelco violento en el estómago, como si un golpe físico le hubiera quitado el aire. Por dentro se estaba muriendo. La sola idea de verla regresar con el hombre que la había abandonado le destrozaba el pecho, provocándole una sensación de furia y una profunda desesperación que jamás se permitiría mostrar. Apretó el volante con tanta fuerza que los nudillos le crujieron.

—Condesa, ese hombre la volverá a lastimar —soltó Nikolai, incapaz de contener la dureza en su voz—. Ya lo hizo una vez. No caiga en su trampa.

Leonor observó la rigidez de la nuca de su custodio a través del espejo retrovisor, disfrutando del efecto de sus palabras.

—Pero debo darle una oportunidad, Nikolai —insistió ella, forzando un suspiro fingido—. Fue mi esposo y, después de todo, es el padre de mi hijo.

El aire en el vehículo se volvió pesado. Nikolai guardó silencio por unos segundos, obligando a su corazón a calmarse y tragándose el dolor que lo quemaba por dentro. Cuando volvió a hablar, su voz recuperó esa lealtad inquebrantable que lo definía.

—Sabe que, decida lo que decida, siempre estaré a su lado para defenderla y cuidarla —sentenció el ruso, resignado a seguir siendo su sombra, sin importar el precio que tuviera que pagar su propio corazón.

****

Unos días antes, Maxwell había hablado con Grace para pedirle un favor importante: quería que Arthur se quedara con ellos todo el fin de semana, ya que le tenía preparada una sorpresa especial a Sarah.

El viernes por la tarde, Arthur llegó al apartamento arrastrando su pequeña maleta, con los ojos brillantes de la emoción. Maxwell caminaba a su lado, sosteniéndolo de la mano. En cuanto se abrió la puerta, Derek y Doménica corrieron hacia ellos.

—¡Papá Maxwell! —exclamaron los mellizos al mismo tiempo, rodeándolo para abrazarlo por la cintura.

—Hola, mis niños —respondió Maxwell, agachándose para corresponder el abrazo con sincero afecto.

—Qué malo eres por no venir a visitarnos —le reclamó Derek, cruzándose de brazos en cuanto se separaron—. Nos tienes olvidados.

—Sí, ya casi no vienes —secundó Doménica, mirándolo con un leve reproche en sus ojos.

Cap. 211: No traje ninguna semilla... 1

Cap. 211: No traje ninguna semilla... 2

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