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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 216

El auto los dejó frente a una pequeña capilla de paredes blancas y luces de neón. Todo pasó rápido, con la prisa típica de Las Vegas. Los encargados los recibieron con una sonrisa, le dieron un ramo sencillo de rosas blancas a Sarah y un prendedor a Maxwell. Sin invitados ni música, solo con la emoción de ellos de hacer su sueño realidad.

Entraron al salón ceremonial donde un ministro con traje oscuro los esperaba. Sarah caminaba del brazo de Maxwell; su vestido de viaje era sencillo, pero la forma en que él la miraba la hacía sentir hermosa.

Se plantaron frente al altar improvisado, tomados de las manos.

—Estamos aquí reunidos para unir a este hombre y a esta mujer en matrimonio —comenzó el ministro con voz solemne, rompiendo el silencio del recinto—. Maxwell, ¿aceptas a Sarah como tu legítima esposa, para amarla, respetarla y protegerla en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte los separe?

Maxwell no apartó los ojos de Sarah ni un solo segundo. Le apretó las manos con suavidad, sintiendo cómo la calidez de su piel le devolvía el alma al cuerpo tras tantos años de zozobra.

—Acepto —respondió Maxwell con una voz firme, profunda y cargada de una promesa absoluta.

El ministro se giró hacia ella con una sonrisa benevolente.

—Sarah, ¿aceptas a Maxwell como tu legítimo esposo, para amarlo, respetarlo y honrarlo en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe?

A Sarah se le cortó la respiración de golpe. Miró el rostro del hombre que se había convertido en su refugio, el que había peleado por ella y por su hijo contra viento y marea, el único dueño de su corazón. Las lágrimas de felicidad rodaron libres por sus mejillas.

—Acepto —dijo Sarah en un hilo de voz, sonriendo con el alma entera.

—Por el poder que me ha sido otorgado, los declaro marido y mujer —sentenció el ministro—. Puede besar a la novia.

Maxwell dio un paso al frente, la tomó por la nuca con una mezcla de posesión y delicadeza extrema, y la atrajo hacia él. El beso fue largo, apasionado y lleno de un alivio profundo, como si estuvieran sellando un pacto secreto que el destino les había adeudado por tanto tiempo. Cuando se separaron, los empleados de la capilla aplaudieron con entusiasmo, rompiendo la burbuja de intimidad en la que se encontraban.

Salieron de la capilla tomados de la mano, mientras los últimos rayos del sol se ocultaban y las luces de Las Vegas brillaban con fuerza a su alrededor, convertidos finalmente en esposos.

Maxwell sacó su teléfono de inmediato mientras subían al auto que los esperaba afuera de la capilla e inició una videollamada con Dominic para poder ver a Arthur. Tras unos segundos, la pantalla se encendió mostrando el rostro de Dominic, quien saludó con un asentimiento desde la tranquilidad de su sala.

—Hola, Maxwell —dijo Dominic, acomodando el ángulo de la cámara—. Denme un segundo, voy a llevarle el teléfono a Arthur a su habitación.

Cap. 216: Boda en Las Vegas. 1

Cap. 216: Boda en Las Vegas. 2

Cap. 216: Boda en Las Vegas. 3

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