Todos giraron la cabeza al mismo tiempo. Grace estaba apoyada contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados y una manta ligera sobre los hombros. El ruido de la batidora, la alarma de humo y las risas escandalosas la habían despertado por completo.
—Oh, oh, papá, estás en serios problemas —dijo Derek.
—Pero, ¿qué es esto? —preguntó ella y luego miró a Dominic sentado en el suelo, completamente blanco de harina desde el cabello hasta los pantalones de vestir, rodeado por los tres niños en idénticas condiciones de desastre.
La aparente seriedad de su rostro se borró. No pudo contenerse más y estalló en carcajadas limpias y sonoras, llevándose las manos al estómago mientras la risa le devolvía el color a las mejillas. Ver al imponente, serio y pulcro Dominic Pierce transformado en una estatua de harina en el suelo de su propia cocina era más de lo que podía soportar.
—¡Mamá, no fue mi culpa, fue de la batidora! —se apresuró a decir Doménica, levantando las manos blancas.
—¡Y mi papá quemó la carne! —lo delató Derek, riéndose también.
—¿Podemos enviarle una foto a mis papás? —preguntó Arthur.
—Claro cariño —respondió Grace—, esto debemos inmortalizarlo. Enseguida buscó su móvil y tomó la fotografía.
Dominic miró a su prometida desde el suelo, encogiéndose de hombros con una sonrisa de resignación y una ternura infinita en los ojos.
—Te prometo que el tutorial se veía mucho más fácil en la pantalla —se justificó Dominic con total tranquilidad, pasándose una mano por el cabello, lo que provocó que otra pequeña nube de harina cayera sobre sus pestañas.
Grace se acercó despacio, cuidando de no pisar los tomates que rodaban por el piso, y se agachó frente a ellos, todavía riendo por lo bajo. Le limpió un poco la mejilla a Dominic con el borde de su manta y luego miró a los tres niños.
—Está bien, el peor equipo de cocina de la historia queda oficialmente suspendido —sentenció Grace de buen humor, dándole un beso corto a Dominic en los labios a pesar de la harina—. Gracias por intentarlo. Te amo. Vayan a lavarse ahora mismo mientras su papá pide esa pizza, porque a mí también ya me dio hambre.
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