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La amante despreciada del CEO romance Capítulo 28

Dominic se quedó sin aliento, con las palabras muriendo en su garganta mientras su abuela giraba lentamente, atónita ante la audacia de la mujer que acababa de invadir su oficina. Dominic no le quitaba los ojos de encima a Grace, sentía su corazón latir desbocado. Parecía un sueño, ella estaba ahí. Después de seis años, la tenía frente a él. El deseo de acortar la distancia y tocarla para ver si era real luchaba contra su orgullo.

—Señor… le dije que no podía entrar pero la señora no hizo caso —se disculpó la asistente desde la puerta.

—Déjala pasar y cierra la puerta —ordenó Dominic, sin desviar la mirada gris de la figura de Grace.

Charlotte se quedó paralizada un segundo, con la mano aun apretando el pomo de su bastón, mientras Grace avanzaba hacia el centro de la estancia. El sonido de los tacones de Grace sobre el suelo de madera era lo único que se escuchaba. No había rastro de la joven asustada que la anciana había echado años atrás; frente a ella estaba una mujer que irradiaba poder. Dominic tragó saliva con dificultad al ver cómo la falda entallada de Grace marcaba sus curvas mientras caminaba. Era una tortura que no esperaba sentir de nuevo.

«Se ve más hermosa que antes»

—¿Pero qué ven mis ojos? —soltó Charlotte, recuperando el aliento con asco—. La zorra ha vuelto arrastrándose. ¿Qué pasa, Grace? ¿Ya te gastaste el dinero que te di, quieres más?

Grace no se inmutó. Se detuvo a pocos pasos, sosteniéndole la mirada con una calma que desesperó a la anciana.

—Vaya, parece que los años no han suavizado su veneno, señora Pierce —dijo Grace, con una voz suave y fría. No se detuvo, se colocó justo a su lado, viéndose más alta y segura—. Yo le devolví el dinero a su nieto.

La anciana tragó saliva y se quedó callada al darse cuenta de que si hablaba más, sus mentiras quedarían expuestas. Dominic sintió un vuelco en el estómago.

«¿Devolver el dinero? Apenas fue una parte de lo que le pediste a mi abuela»

Miró a Grace con intensidad, pero ella ni siquiera parpadeó.

—¿Cómo te atreves a entrar así? —chilló Charlotte golpeando el suelo—. Sigues siendo una insolente que no sabe cuál es su lugar. Seguridad no debió dejarte entrar.

Grace soltó una risa seca y clavó sus ojos en los de Charlotte, haciéndola retroceder.

Grace mantuvo una sonrisa de victoria mientras veía a la anciana retirarse bajo las órdenes de Dominic. Charlotte salió con pasos rígidos, dejando un rastro de su perfume pesado. La puerta se cerró y el silencio fue total. Dominic y Grace se quedaron solos. Él dio un paso hacia ella y la recorrió de arriba abajo.

—Has crecido, Grace —masculló Dominic. Se fijó en sus labios más de lo necesario, recordando cómo lo besaba.

Grace sintió un escalofrío al tenerlo tan cerca. Su voz profunda le erizó la piel, pero no iba a ceder ante lo que sentía.

—He sobrevivido, que es distinto —respondió ella cruzándose de brazos, tratando de ignorar el calor que salía del cuerpo de Dominic—. Libera mis barcos ahora mismo o hundiré tu empresa en la prensa.

Dominic se cruzó de brazos, tan seguro de sí mismo que resultaba insoportable. Se acercó un poco más, invadiendo su espacio personal. Estaba tan cerca que Grace sentía su aliento en la cara.

—¿Andas con amenazas ahora, Grace? —preguntó él en un susurro que la hizo temblar—. ¿Y cómo piensas destruirme? Mi empresa es un titán. Tengo a los mejores abogados y el control de tus rutas. ¿Crees que unos titulares van a detenerme?

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