Entrar Via

La amante despreciada del CEO romance Capítulo 30

Grace sintió que las paredes del despacho se cerraban sobre ella mientras el aliento de Dominic le rozaba la piel del cuello. Era el mismo hombre impositivo de siempre, el que creía que el mundo entero debía girar a su ritmo.

—Eres el mismo egoísta de siempre, Dominic —le soltó ella, apartándose apenas unos centímetros para poder mirarlo con todo el desprecio que sentía—. Solo piensas en tus intereses. Tu capricho le está costando el empleo a muchas personas y el tiempo se agota. En esos barcos hay medicinas para personas con enfermedades terminales, suministros que no pueden esperar a que tú termines de jugar a los negocios. ¿De verdad vas a ser tan miserable?

Dominic sostuvo su mirada, impasible, aunque un músculo en su mandíbula saltó ante el insulto.

—Lo sé perfectamente, Grace —respondió él con voz plana—. Pero eso no depende de mí. Tú tienes la decisión final en tus manos. Firma la sociedad y los barcos entran al puerto en diez minutos. La responsabilidad de lo que pase con esas medicinas es tuya.

Grace estalló. No pudo contenerse más y lo empujó por el pecho, obligándolo a retroceder un paso.

—¡¿Qué es lo que pretendes?! —le gritó, con la voz quebrada por la rabia—. Eres un hombre casado, Dominic. Me despreciaste, me echaste de tu vida como si no fuera nada. ¿Y ahora quieres que sea tu socia? ¿Quieres tenerme cerca para qué? ¿Para seguir humillándome?

Dominic la miró con una intensidad que parecía querer atravesarla. Dio un paso hacia ella, con las manos tensas, como si estuviera a punto de soltar todo lo que había guardado por años sobre las mentiras de su abuela, sobre el dinero que ella supuestamente había aceptado.

—Tú no tienes derecho a reclamarme nada, tú no fuiste sincera conmigo. Tú te atreviste a…

Antes de que pudiera hablar del chantaje a su abuela, la pesada puerta del despacho se abrió de golpe. Arthur entró corriendo, con la mochila todavía al hombro y el rostro iluminado por la emoción. El niño ignoró por completo la tensión en la habitación y se abrazó con fuerza a las piernas de Dominic.

—¡Papá! ¡Mira! —exclamó el pequeño, agitando un papel—. Me dieron un diploma en el colegio. Fui el mejor en el club de ciencias, ¡el experimento en el que trabajamos juntos funcionó!

Grace se quedó paralizada, sintiendo un nudo amargo en la garganta. Vio cómo la expresión de Dominic se transformaba por completo; la dureza de sus ojos grises desapareció mientras se agachaba para abrazar al niño con una ternura que ella nunca creyó que poseyera. Lo estrechó contra su pecho con un amor tan evidente que a Grace le dolió el alma. Inevitablemente, pensó en Derek y Doménica. Pensó en cómo Dominic los había despreciado incluso antes de nacer, y la rabia la consumió por dentro.

—Felicidades, campeón. Sabía que lo lograrías —le susurró Dominic al niño, todavía ajeno a lo que Grace estaba sintiendo.

C30: No quiero los terrenos, te quiero a ti. 1

C30: No quiero los terrenos, te quiero a ti. 2

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La amante despreciada del CEO