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La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 220

El profesor Chávez dijo con un tono cargado de segundas intenciones:

—Seguro está esperando a alguien.

¿A quién? Era más que obvio.

Esperanza bajó la mirada levemente. El profesor Chávez, sin saber qué pasaba por su cabeza, le advirtió:

—Hoy no puedes dejarte llevar por las emociones, todo debe centrarse en los intereses del proyecto.

Esperanza sabía a qué se refería.

Hablando claro, no podía descartar la capacidad de Grupo Vértice solo por su poco afortunado exmarido, ni tampoco favorecer a Grupo Córdova y cerrarle la puerta a otras empresas solo por haber trabajado allí un tiempo.

Ella lo tenía muy claro.

—No me dejaré llevar por las emociones —dijo.

—Bien. —El profesor Chávez la miró con seriedad y, poco a poco, esbozó una sonrisa de satisfacción; levantó la mano y le palmeó el hombro—. El señor Federico tiene razón, de verdad no ha sido nada fácil. Jaime estaría orgulloso de ti, todos lo estamos.

Esperanza sonrió con dulzura.

Al empujar la puerta y entrar, Teresa fue la primera en levantarse y llamarla:

—¡Esperanza!

Los demás también se pusieron de pie uno tras otro:

—Señorita Jara.

—Siéntense, por favor. ¿Ya desayunaron? —preguntó Esperanza mientras apartaba una silla para sentarse. Los demás no dejaban de mirarla con un entusiasmo evidente en los ojos.

—Por muy emocionados que estén, hay que comer a sus horas. El cuerpo necesita energía. —Esperanza pensaba pedir el desayuno para todos, pero al buscar en sus bolsillos, se dio cuenta de que no traía su celular.

Se quedó desconcertada por un instante, recordando que al salir de casa se lo había guardado en el bolsillo y no había ido a ningún otro lado.

Seguro se le había caído en el coche.

Si se le hubiera caído al bajarse, habría hecho ruido y los guardaespaldas lo habrían notado. Solo pudo haberse resbalado sin hacer ruido dentro del vehículo para que nadie se diera cuenta.

—Quédense aquí, voy a bajar un momento —dijo Esperanza, poniéndose de pie. Le pidió a Teresa que le marcara a César. Por suerte, él no se había alejado mucho y regresó el coche a la entrada del edificio.

Los guardaespaldas la escoltaron todo el camino. Al llegar al vestíbulo, Esperanza vio, tal como se lo esperaba, a Carolina sentada en uno de los sillones.

La mujer tenía la mirada clavada en su celular y tecleaba a toda velocidad con los pulgares; lo más probable es que estuviera mandándole mensajes a Valentín.

Esperanza pasó por su lado como si nada. Los guardaespaldas bloquearon la línea de visión de Carolina justo en el momento en que esta levantó la vista hacia la puerta, impidiendo que la viera.

El coche de César ya estaba estacionado en la entrada. Él quiso bajarse para ayudarla a buscar el celular, pero Esperanza le dijo que no era necesario. Se asomó, buscó debajo del asiento y ahí lo encontró.

En ese preciso instante, un Bentley se estacionó justo detrás del coche de César.

De buenas a primeras, Esperanza no reconoció que era el coche de Valentín, hasta que vio las placas conocidas. Entonces recordó que Benicio le había chocado el coche anterior y había tenido que comprar uno nuevo.

Qué mala suerte.

Topárselo justo en ese momento.

Esperanza observó cómo Valentín bajaba del vehículo, vestido con un traje impecable, acompañado de Ariel y de un joven al que ella no había visto en su vida.

Valentín ni siquiera reparó en ella; tenía toda su atención puesta en el enorme edificio que se alzaba frente a él. Y a ella le parecía perfecto pasar desapercibida.

Sin embargo, la mirada del joven se clavó directamente en ella y no se apartó en un buen rato.

—¿Señor Figueroa? —Valentín volteó a ver a Bruno y se dio cuenta de que estaba pasmado mirando hacia algún punto, con los ojos muy abiertos y un brillo de fascinación en la mirada.

Capítulo 220 1

Capítulo 220 2

Capítulo 220 3

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