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La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 222

Benicio y Esperanza subieron a elevadores distintos.

Mientras las puertas se cerraban, Benicio recordó la forma en que Esperanza había abierto un poco los ojos para mirarlo; parecía una gatita asustada.

El hombre esbozó una ligera sonrisa.

***

Carolina entró a la sala de juntas pequeña y dio un vistazo a su alrededor, pero seguía sin ver a la doctora Jara, quien parecía estar siempre escondiéndose de ella.

Le preguntó a Teresa:

—¿Y la doctora Jara?

Teresa negó con la cabeza.

—No lo sé.

Carolina tomó asiento, pero alguien a su lado le advirtió:

—Señorita Luque, ese es el lugar de la señorita Jara.

En la larga mesa ovalada, solo había dos lugares de cabecera: uno frente a la pantalla y el otro, justo donde Carolina se había sentado.

Como a nadie en el equipo del proyecto le caía muy bien, y ella tampoco los soportaba, soltó una risita sarcástica y trató de excusarse:

—Bueno, la doctora Jara aún no ha llegado. En un día tan importante como hoy, llegar tarde no es propio de una persona al mando.

Teresa le respondió con total seriedad:

—Esperanza llegó hace rato, solo tuvo que salir un momento a resolver algo.

Carolina sonrió sin decir nada más.

Para ella, Teresa no era más que la principal lambiscona de la doctora Jara en todo el equipo.

A través de la pantalla gigante, se podía ver cómo la sala contigua se iba llenando. El comité evaluador ya estaba completo y los representantes de las distintas empresas tomaban sus respectivos lugares.

En las mesas estaban los letreros con los nombres de las empresas, así que solo debían sentarse donde les correspondía.

El lugar asignado a Grupo Córdova estaba justo al lado del de Grupo Vértice.

Al sentarse, Benicio le echó una mirada burlona al único asiento disponible en el espacio de Grupo Vértice.

Con el heredero de Grupo Figueroa presente, ¿quién ocuparía esa silla hoy?

En teoría debía ser Valentín, ya que él era el responsable.

Sin embargo, sin la autorización explícita del heredero, no se atrevía a sentarse tan a la ligera.

El señor Federico levantó la vista hacia el lugar vacío de Grupo Vértice y preguntó:

—¿No vino el director Salinas de Grupo Vértice?

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