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La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 225

—¿Y eso qué es? —Teresa estaba muy curiosa—. Mira nada más, Grupo Córdova hasta traía un plan de respaldo.

Los ojos de Esperanza brillaron sutilmente. Creía saber exactamente de qué se trataba.

Las personas en la sala principal volvieron a tomar asiento, incluidos los representantes de las demás empresas. Todos querían saber qué otra carta tenía guardada el director Córdova.

Valentín frunció el ceño.

Tenía un muy mal presentimiento.

Benicio siempre había sido un tipo calculador; quién sabe qué trama traía entre manos ahora. Seguramente era alguna clase de propuesta para sabotear a la competencia.

Quería echarle un vistazo también.

Sin embargo, las veinte copias pasaron por las manos del comité y de ahí a otros representantes, y como él estaba hasta el final de la fila, no le tocó nada.

Todos abrieron los documentos con total normalidad, pero tras el primer vistazo, sus expresiones se oscurecieron de golpe y todas las miradas se clavaron como dagas en el señor Federico.

El señor Federico, que se había tomado su tiempo y aún no abría su copia, sintió la presión de todas esas miradas.

Estiró la mano y abrió la carpeta. La primera página hizo que abriera los ojos de par en par.

A medida que pasaba a las siguientes hojas, se enfureció tanto que arrojó los documentos sobre la mesa.

—¡Director Córdova! ¡Qué significa todo esto!

El arranque de ira repentina del señor Federico dejó a Carolina y a Valentín completamente confundidos.

Esperanza ya no tenía ninguna duda: era la misma evidencia que Benicio le había regalado como despedida.

Miró a Carolina.

La mujer fruncía el ceño, murmurando por lo bajo:

—¿Qué está pasando?

Benicio no tardó en darle una respuesta a los presentes.

—El director Salinas de Grupo Vértice y la experta externa de este proyecto, Carolina Luque, mantienen una relación inusualmente estrecha desde hace cuatro años. Durante los últimos tres años, el director Salinas le ha estado transfiriendo un millón de pesos mensuales a la señorita Luque bajo el concepto de "fondos de investigación". Antes de que ella siquiera regresara al país, la cifra ya rozaba los cien millones de pesos.

Un murmullo de sorpresa e indignación estalló en ambas salas.

—Entonces, ¿cómo explica los decenas de millones en supuestos fondos de investigación, más las casas, los coches y las joyas millonarias? —Los altos mandos empezaron a cuestionarlo. Una cosa era que el señor Federico metiera a recomendados en el proyecto para asuntos menores, ¡pero esto se trataba de un secreto de Estado!

El señor Federico se puso a la defensiva y soltó con dureza:

—La señorita Luque y el director Salinas de Grupo Vértice son pareja, ¿acaso no es algo normal entre ellos?

En el fondo, él también sabía que era demasiado sospechoso, pero, ¿qué otra opción tenía? Su nieta le había ocultado todo eso, pero no podía simplemente darle la espalda y abandonarla.

Benicio soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

—¿Pareja? ¿Y en qué lugar deja eso a la esposa del director Salinas?

El impacto fue total.

Valentín se puso blanco como el papel.

Los ojos desorbitados del señor Federico no alcanzaban a reflejar su incredulidad y su conmoción. Sus manos temblaban mientras se ponía de pie, su rostro convulsionaba en pequeños espasmos y sus fosas nasales se dilataban tanto que parecía a punto de sufrir un colapso ahí mismo.

—El director Salinas de Grupo Vértice se casó hace cuatro años —habló el profesor Chávez, quien se había mantenido en silencio revisando los documentos. Levantó la vista. Sus ojos se veían algo empañados y enrojecidos. Dejó caer el informe en la mesa y sentenció—: Dejen que la policía investigue este asunto. Grupo Vértice ya no puede seguir participando en la licitación.

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