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La Científica que Él Llamó "La Sirvienta" romance Capítulo 224

En toda su vida, jamás la habían atado a tantas reglas.

—Esperanza, ¿por qué le ocultaste todo esto a Valentín? —Carolina caminó hacia ella, exigiendo una respuesta.

Esperanza se apoyó ligeramente en la mesa de juntas, sosteniendo su termo con agua caliente, del cual salía un hilo de vapor.

Su tono de voz era tranquilo y despreocupado.

—Firmé un acuerdo de confidencialidad, al igual que todos en el equipo. Ni siquiera a nuestras familias se lo podemos contar. No se puede decir ni media palabra.

»El profesor Chávez solo le dice a su esposa que está muy ocupado, pero jamás ha mencionado una sola palabra sobre el proyecto.

»En los dos años de mayor presión, ninguno de nosotros podía ir a su casa, ni mucho menos comunicarnos libremente. Hubo varias ocasiones en las que las llamadas de los familiares llegaban directo al instituto. Los padres de Teresa solo dejaron de insistir cuando la policía fue personalmente a hablar con ellos.

»Aunque usted llegó tarde al equipo, supongo que entiende lo que significa un proyecto secreto de seguridad nacional y cómo funciona un acuerdo de confidencialidad, ¿o me equivoco?

Carolina entendió perfectamente que se lo estaba echando en cara por no haber sido tan estricta con el acuerdo. Sabía que había sido su culpa, porque se le soltó la lengua solo para ganarse puntos con Valentín y la familia Salinas.

Y lo peor de todo, frente a la mismísima Esperanza.

¡Pero quién iba a adivinar que Esperanza resultaría ser la directora principal del proyecto!

Carolina se tragó sus palabras, sintiendo un coraje que no podía soltar.

Se le quedó viendo con odio durante un buen rato, antes de advertirle:

—Esperanza, no le vayas a arruinar esto a Valentín. Espero que, por el... cariño que alguna vez se tuvieron, mantengas la boca cerrada.

Evitó a toda costa usar la palabra "matrimonio".

Teresa todavía estaba en la sala.

Teresa había ido a aquella recepción, y Carolina misma, delante de ella y del profesor Chávez, había soltado que ella y Valentín se iban a casar.

Carolina apretó los dientes.

Esperanza pensó que, incluso en esa situación, lo único que le preocupaba a Carolina era Valentín, y no ella misma.

Vaya que tenían un lazo inquebrantable.

—¿Qué clase de cariño podría tener con él? —Ahora le tocaba a Esperanza desmarcarse por completo de aquel matrimonio.

Para ella, estar casada con él no era más que un pésimo historial que preferiría borrar.

—Espérense —intervino Teresa, totalmente desconcertada—. Esperanza, ¿tú también conoces al director Salinas de Grupo Vértice?

Carolina se sorprendió.

¿Acaso Teresa no estaba enterada de nada?

Eso le devolvió algo de confianza; al menos, por el momento, nadie la acusaría de ser la amante y de haber destruido el matrimonio de otra persona.

Esperanza miró a Teresa y, suavizando un poco su tono, le dijo:

—Vuelve a tu lugar. De lo demás platicamos luego, ahorita no es momento.

—Ah, bueno. —Teresa se sentó obedientemente y enseguida se puso a murmurar con los demás sobre lo que había pasado en la recepción entre la señorita Luque y el director Salinas.

Los otros escuchaban con el ceño fruncido, preocupados de que la señorita Luque usara sus influencias con el señor Federico para que, al final, la licitación se la llevara Grupo Vértice.

Con el respaldo de una empresa así, ¿la señorita Luque no iba a pasarles por encima peor que antes?

El tiempo corría.

A Grupo Córdova no le tocó precisamente buena suerte; salieron hasta el final del sorteo.

Benicio se paró junto a la pantalla. Con su voz grave y cautivadora, explicó que si Grupo Córdova y Puerta Norte Tech ganaban la licitación, enfocarían el microchip en tres áreas principales: el ámbito militar, agrícola e industrial.

Era un plan bastante ambicioso.

Pero con el peso financiero y político que respaldaba a Grupo Córdova, si ponían todos sus recursos sobre la mesa, lograrían sacarle el máximo potencial al desarrollo de esos microchips.

Sobre todo, destacó la frase de cierre de Benicio:

—La creación de nuestros propios microchips nos permitirá dejar atrás la dependencia excesiva de los insumos extranjeros, y marcará un avance contundente para las empresas de tecnología de nuestro país hacia la autosuficiencia. El propósito fundamental de Grupo Córdova y Puerta Norte Tech siempre será que nuestros productos mejoren la vida de la gente, faciliten su día a día y fortalezcan el músculo tecnológico en la defensa, la agricultura y la industria.

Apenas terminó de hablar, la sala estalló en aplausos.

Esperanza esbozó una leve sonrisa. Benicio había dado en el clavo y entendido a la perfección el propósito estratégico detrás del desarrollo nacional de esos chips.

Los miembros del proyecto también aplaudieron con entusiasmo.

—Está muy reñido entre Grupo Vértice y Grupo Córdova —comentó Teresa—. Uno tiene el dominio del mercado, y el otro tiene unos recursos económicos bestiales y una visión política impecable. Qué difícil decisión.

Cuando todos ya estaban por levantarse, Benicio tomó de nuevo la palabra:

—Les pido a los especialistas que me regalen un minuto más. Tengo unos documentos que me gustaría entregarles.

Benicio dirigió su mirada hacia Simón.

Simón abrió una bolsa negra de plástico y comenzó a repartir, una por una, veinte carpetas entre los miembros del comité evaluador.

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