Esa pregunta era sumamente extraña.
¿Quién más podía ser Esperanza?
Valentín mostró confusión en la mirada. Al ver su expresión, el policía lo entendió todo y no siguió indagando al respecto.
Valentín alzó la voz para preguntar:
—¿Qué quiso decir con eso?
—Director Salinas, aquí somos nosotros quienes hacemos las preguntas. Confiese con detalle todos los vínculos y tratos que tiene con Carolina.
—Caro no me filtró ninguna información. —Valentín no estaba preocupado por ese punto; al principio, Carolina había intentado darle datos de la investigación varias veces, pero él siempre se había negado.
Temía que la investigaran a ella, pero sobre todo, que lo arrastraran a él al abismo.
No podía permitirse un tropiezo en un momento tan crucial.
Jamás se imaginó que Benicio lo acorralaría de esa manera el día de hoy.
No solo lo había investigado en secreto a él y a Carolina, sino que había conseguido pruebas tangibles.
Se preguntaba si Benicio le contaría todo a Esperanza.
Podía justificar los millones en fondos de investigación como una inversión, pero ¿cómo le iba a explicar a Esperanza los coches, las propiedades y las joyas?
Además, hoy la policía se lo había llevado. ¿Los medios ya lo habrían captado? Si armaban un escándalo mediático, ¿qué iba a hacer?
Ariel tenía mucha experiencia, sabría manejarlo.
Sin embargo, el heredero de Grupo Figueroa también estaba presente. ¿Y si Bruno aprovechaba para pisotearlo y quedarse con el control absoluto de Grupo Vértice?
El director Figueroa probablemente no se lo permitiría, después de todo tenía que cuidar la imagen de Grupo Figueroa y el futuro de Grupo Vértice.
Pero Grupo Vértice había perdido la licitación por su culpa.
El director Figueroa no se lo iba a perdonar.
Valentín estaba sobre ascuas. Cada vez que la ansiedad lo consumía, extendía la mano por inercia para tocar el anillo de su dedo anular; eso siempre le daba una sensación de paz.
Era como llegar a casa después del trabajo y ver a Esperanza afanada en la cocina, sacando uno tras otro sus platillos favoritos... Siempre le brindaba una sensación de estabilidad.
Esta vez, no sintió nada.



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