Pero antes de que pudiera ofrecerse, la familia ya había decidido que su hermano se comprometiera con Vanesa.
No lo entendía.
¿Acaso su hermano no era de esos que no se interesaban en las mujeres?
En todos estos años, jamás había escuchado que su hermano mostrara el más mínimo interés por alguna mujer.
Entonces, ¿por qué la familia lo había elegido para el compromiso?
Él pensaba que su hermano nunca aceptaría un matrimonio arreglado así de fácil.
Estaba seguro de que lo rechazaría.
Jamás se imaginó que Jaime terminaría aceptando.
Y no solo eso, hacía poco Jaime había ido a Maralinda.
Dijo que era por negocios.
Pero ese tipo de asuntos, ¿realmente necesitaban que Jaime fuera en persona?
Lo más probable era que lo hiciera por Vanesa.
Pablo no lograba entender por qué su hermano le daba tanta importancia a ese compromiso.
Se sentía arrepentido, un vacío le pesaba en el pecho.
Si tan solo hubiera sido un poco más valiente, solo un poco más…
Pero ya era demasiado tarde para lamentarse.
Hoy se enteró de que las amigas de Vanesa le habían organizado una bienvenida.
Justo uno de sus amigos había sido invitado al evento.
Así que, usando de pretexto que quería relajarse, le pidió a su amigo que lo llevara.
No tenía segundas intenciones, solo quería verla, decirle en persona “bienvenida de regreso a Puerto San Sebastián” y entregarle el regalo que había preparado para ella.
Pero no esperaba que ella lo malinterpretara.
Ella creyó que él era su prometido.
Un pensamiento oscuro comenzó a asomarse en su mente.
Las manos de Pablo temblaban.
Se decía que tampoco era para tanto, al final Vanesa y su hermano ni siquiera se conocían bien, y ese matrimonio solo era por conveniencia familiar. Si aprovechaba la oportunidad para acercarse a Vanesa y ambos llegaban a sentir algo, tal vez el compromiso podría pasar a ser suyo…
Vio a Vanesa regresando del brazo de Cynthia y apretó los puños con fuerza.
Quizás, esta era su única oportunidad.
Solo cuando Vanesa empezó a mirarlo con extrañeza, logró decir algo:
—¿Te gustaría caminar un rato conmigo?
Vanesa dudó un instante.
Pensó que ambos cargaban sobre los hombros ese compromiso familiar.
Y ya que Pablo se lo proponía de frente, no podía negarse.
—Está bien —asintió suavemente.
Al ver que aceptaba, en los ojos de Pablo brilló una chispa, aunque pronto se apagó.
Esto era algo que él había robado.
Se acercó despacio a Vanesa y, justo cuando estaban por empezar a caminar por la banqueta, un carro se detuvo enfrente de ellos.
Al ver qué carro era, el rostro de Pablo cambió al instante.
Era el carro de su hermano.
La ventanilla bajó.
Como lo temía, Jaime estaba sentado dentro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Danza del Despertar