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La Danza del Despertar romance Capítulo 98

—Todavía te atreves a poner excusas —Vanesa le lanzó una mirada fulminante.

—Ay, ya, acepto que me equivoqué, lo juro que no lo vuelvo a hacer —Cynthia le contestó con una sonrisa traviesa.

Observó a Vanesa guardar cuidadosamente un cuadro al óleo y preguntó:

—¿Ese te lo regaló Pablo?

—Sí —Vanesa colocó la tapa, luego el cuadro dentro de una bolsa de regalo—. Se lo voy a devolver.

—Vaya, vaya —Cynthia negó con la cabeza—. Vane, ¿no crees que eso es ser demasiado dura? Por lo que entendí… Pablo sí está enamorado de ti, ¿no? Y desde hace años, según él.

—Justamente por eso tengo que ponerle un alto. No puedo dejarle ninguna esperanza equivocada —Vanesa suspiró—. Ya de por sí todo este lío de la confusión con la persona del compromiso fue bastante incómodo.

Y para colmo, Pablo sí sentía algo por ella.

Si no dejaba todo bien claro, solo lo haría sufrir más.

—Tienes razón, la verdad.

Cynthia agarró una barra de chocolate que tenía cerca, empezó a abrirla y, antes de darle la primera mordida, miró a Vanesa con curiosidad.

—Oye, Vane, siento que hoy te ves diferente que hace unos días.

—¿Diferente cómo? —preguntó Vanesa, sin entender.

—No sé, parece que andas de buen humor —Cynthia ladeó la cabeza—. ¿Será porque… ya sabes que tu prometido en realidad es Jaime?

Vanesa alzó la mano y se rascó la mejilla con timidez.

—¿De verdad me veo tan contenta?

—Muchísimo —afirmó Cynthia sin dudar.

Vanesa bajó la mirada y comenzó a jugar con el listón de la bolsa. Enredó el dedo dos veces en la seda antes de responder despacio:

—Es solo que… ahora ya sé quién es la persona correcta. Así ya no hay confusiones ni malentendidos.

Intentó sonar indiferente, pero el rubor le subió hasta las orejas.

—Ajá, sí, cómo no. ¿De verdad crees que me vas a engañar? —insistió Cynthia con una sonrisa pícara.

Vanesa no respondió. Era inútil, con Cynthia nunca podía ocultar nada.

—Por cierto —Cynthia recordó algo de pronto. Tiró la bolsa vacía a la basura y se puso seria—: Ese tal Raimundo… ¿ya no te ha molestado?

—No —contestó Vanesa—. O bueno, aunque quisiera, ya no puede.

Ya había cambiado su número de celular.

—Qué alivio —el rostro de Cynthia se endureció—. Porque si me lo topo otra vez, de verdad le meto un par de cachetadas. No, mejor varias.

—Mejor no —Vanesa soltó una risa cariñosa—. No vayas a lastimar tus manos por culpa de ese tipo.

—No importa, si se ensucian, pues me las lavo y ya.

Ambas estallaron en carcajadas.

Después de platicar un rato sin mucho rumbo, Cynthia agarró su tableta para buscar una película y entretenerse. Pero en cuanto apareció una notificación en la pantalla, sus ojos se abrieron de par en par.

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