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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 179

Mariano se estrelló contra la pared, una punzada feroz atravesó su cabeza.

—¡Todo lo que hago es por mi esposa!

Su grito, gutural y ahogado, no quedó claro si pretendía convencer a Álvaro o solo a sí mismo. Porque, siendo sinceros, Mariano nunca se preocupó por nadie más que por Begoña.

Álvaro, tambaleante por el golpe que casi le revienta el cráneo, empujó a Mariano haciéndolo a un lado, aunque él tampoco estaba en mejores condiciones. Tomó aire a trompicones y soltó:

—¿Por Bego? ¿De veras?

Una risa áspera le brotó de los labios.

—¿Bego te pidió que traicionaras a su hermana? ¿Que tuvieras una hija con otra mujer? ¿Que hicieran sus porquerías justo en sus narices?

—Mariano, eres un desgraciado —le soltó sin piedad.

La mirada de Mariano se volvió tan cortante como el filo de una navaja. Sin pensarlo, su puño salió disparado directo al rostro de Álvaro. Este alcanzó a echarse hacia atrás, pero el golpe le rozó la mejilla, dejando al instante una marca rojiza.

Álvaro no se quedó atrás; le agarró el cuello de la camisa a Mariano y le conectó un derechazo en el abdomen, justo donde Mariano traía la herida. El dolor fue tan intenso que le arrancó un gruñido, como de animal acorralado.

Ya llevaba tiempo queriendo partirle la cara.

El semblante de Mariano se fue desfigurando, el puño le tembló de rabia, solo tenía una cosa en la cabeza:

—¿Dónde tienes escondida a mi esposa?

Ambos se trenzaron en una pelea sin cuartel, la dignidad y los modales quedaron hechos trizas.

Mariano alcanzó a derribar de una patada a Álvaro.

—¡Mariano, aunque me muera no te voy a decir dónde está Bego!

—¿Tienes idea del dolor, de la desesperación con la que se fue Bego?

—Esa noche, cuando ustedes estrenaron la casa nueva con una fiesta...

—¡Bego acababa de salir de una cirugía de corazón!

—Y tú la obligaste a mirar desde afuera, a escuchar cómo se revolcaban dentro, a oír cada jadeo, cada gemido. Por poco se muere ahí, ¡le iba a dar otro ataque!

Álvaro terminó tosiendo con fuerza, el remordimiento le apretaba la garganta.

—Ahora me pesa no haberle dicho a Bego lo que sentía en ese entonces. Si lo hubiera hecho, tal vez nada de esto hubiera pasado, tal vez ella no estaría destrozada por tu culpa.

Mariano, como si no escuchara, repetía las palabras de Álvaro en su cabeza. ¿Así que esa noche ella estuvo ahí, afuera?

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