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La Desaparición de la Esposa Hacker romance Capítulo 180

En ese momento, el llanto de un bebé rompió el silencio de la noche, como si partiera el cielo en dos.

Simón dirigió la mirada hacia la sala de partos.

Sandra, sin poder esperar más, corrió con los artículos para recién nacidos en las manos y recibió a la pequeña niña que la enfermera traía en brazos, tan suave y tierna como un pedazo de algodón.

—¿Y la mamá, cómo está? —La voz de Simón sonó detrás de Sandra, tensa e impaciente.

—No se preocupe, jefe, ya está el cardiólogo a cargo —respondió la enfermera con rapidez.

Simón apenas asintió con un leve gruñido y luego miró a Sandra.

Sandra, nerviosa al extremo, abrazaba a la bebé que lloraba con todas sus fuerzas. Su cara se había puesto tan pálida que parecía que en cualquier momento se desmayaría. Al encontrar los ojos de Simón, se aferró a él como si fuera la tabla de salvación.

—Jefe, yo… yo nunca he cargado a un bebé tan pequeño. No sé qué hacer… —balbuceó, al borde del llanto.

Se le notaba más angustiada que la propia bebé. Sus manos temblaban y sus ojos se llenaban de lágrimas.

Simón extendió sus largos brazos hacia ella. Sandra, sin pensarlo, le entregó rápidamente a la niña y, al sentir sus brazos vacíos, se dejó caer en una silla, respirando agitadamente, como si acabara de correr una maratón.

Al levantar la vista, vio que Simón sostenía a la bebé con una delicadeza inesperada. Su expresión se suavizó y la pequeña, contra todo pronóstico, se quedó dormida en sus brazos, con una paz absoluta.

El corazón de Sandra empezó a latir con fuerza, como si quisiera salirse de su pecho.

“¿Quién sería tan afortunada como para casarse con el jefe algún día?”, pensó, con una mezcla de admiración y anhelo.

...

Diez horas después, Begoña salió del quirófano.

—La cirugía fue todo un éxito —le informó el doctor a Simón.

Él, con su típica serenidad, le estrechó la mano. El médico, notoriamente emocionado, respondió el gesto como si no pudiera creer que el jefe en persona le agradeciera.

Begoña fue llevada a su habitación. La pequeña dormía en la cuna a su lado. Sandra, observando a la niñera bañar y cambiar a la bebé, no pudo resistir la tentación de acercarse y oler esos piececitos que olían a limpio y a ternura.

Simón retiró la mirada del rostro tranquilo de Begoña y salió del cuarto, volviendo a su oficina para sumergirse de nuevo en el trabajo.

...

Álvaro y Mariano, tras llegar a un acuerdo, abandonaron la comisaría.

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