La mansión de la familia Soler lucía una decoración sumamente lujosa. Roxana podía notar que cada rincón había sido diseñado con meticuloso cuidado.
Incluso unas esculturas exclusivas, colocadas de manera casual en la esquina de las escaleras, alguna vez se habían subastado por la astronómica cifra de treinta millones de pesos.
Si estuvieran en la casa de la familia Maldonado, piezas tan valiosas se habrían guardado bajo llave o exhibido con extremo cuidado, jamás se habrían dejado en una esquina acumulando polvo.
Marina tomó de la mano a Roxana y la guio hacia el segundo piso. Abrió la puerta de una habitación y le dijo con suavidad: "Roxana, mi niña, no sabía qué estilo te gustaba, así que la decoré a mi gusto. Si no te convence, la cambiamos de inmediato".
Roxana recorrió con la mirada la habitación, que lucía fresca pero acogedora, y luego observó la expresión nerviosa de la mujer. Sintió una calidez inusual en el pecho y respondió: "No hace falta cambiar nada, me encanta".
El rostro de Marina se iluminó de inmediato. "¡Qué bueno, qué bueno que te guste! Hoy ha sido un día largo, descansa temprano. Mañana por la mañana te prepararé tu desayuno favorito...".
Su voz se apagó de golpe y su expresión se tornó melancólica.
No tenía idea de qué le gustaba comer a su propia hija.
Roxana apretó levemente los labios. "Para el desayuno, me gustaría un sándwich tostadito y chocolate caliente".
Los ojos de Marina se humedecieron ligeramente y asintió con una sonrisa. "¡Claro que sí, mamá te preparará eso!".
Tras despedir a Marina, Roxana cerró la puerta y su rostro recuperó su habitual frialdad.
Dio una vuelta por la habitación antes de sentarse en el sofá. Luego, se ajustó el auricular inalámbrico. "¿Por qué tanta urgencia? ¿Qué pasa?".
Al otro lado de la línea, Julián respondió: "Un pez gordo de la familia Sandoval quiere una consulta contigo. Ofrecen treinta millones de pesos solo por la visita, el tratamiento se cobra aparte".
"Recházalo", contestó Roxana sin dudar.
Nunca le había gustado lidiar con esas familias de la alta sociedad. Eran un dolor de cabeza.
"¿De verdad lo vas a rechazar? Escuché que el heredero de la familia Sandoval acaba de despertar después de tres años en coma. Es un hombre muy influyente. Si lo rechazas y lo ofendes, por muy famosa que seas como la Doctora Alma, no podrás seguir trabajando en Puerto Esperanza".
Roxana respondió con indiferencia: "Si no puedo trabajar de doctora, me dedicaré a otra cosa". Además, ella ya se había ido de Puerto Esperanza.
Julián puso los ojos en blanco. "¡Claro, como tienes tantas identidades secretas, podrías cambiar de profesión cada mes sin repetir!".
Tras quejarse, recordó algo importante. "Por cierto, no sabes la última. Ese heredero fue hoy a la casa de la familia Maldonado. Ricardo Maldonado casi se desmaya de la emoción".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA