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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 10

Marina se sorprendió por un segundo, pero enseguida le respondió con infinita ternura: —¿De verdad quieres tocar, Roxana? Lo que sea que toques, mamá lo amará.

Roxana asintió y se acercó a la mesa del instrumento. Enarcó una ceja al ver que Yara seguía parada allí y le dijo: —¿Qué pasa? ¿Ya no quieres que toque?

Yara disimuló su nerviosismo, retrocedió y dijo: —Claro que quiero.

Roxana se sentó con una elegancia asombrosa y deslizó los dedos por las cuerdas con total naturalidad.

¡Pling!

Un sonido hondo y vibrante resonó en el ambiente, sacudiendo los corazones de todos los presentes.

Basta una nota para reconocer a un experto. Aunque Rafael y los demás no supieran tocar, sabían apreciar el buen arte, y en ese mismo instante sus rostros se llenaron de asombro. Las pupilas de Yara se contrajeron y su dulce sonrisa estuvo a punto de desmoronarse.

A medida que Roxana tocaba, la música, tan antigua y majestuosa, pareció arrastrarlos a una época primordial. Sintieron una inmensa paz, como si la inmensidad del cielo y la tranquilidad del tiempo estuvieran limpiándolos de cuerpo y alma.

Pasó un buen rato antes de que la melodía terminara, pero todos se quedaron absortos en las resonancias.

La única que reaccionó fue Yara, quien se quedó clavando una mirada llena de conmoción y celos sobre Roxana.

¿Cómo era posible? ¡¿Cómo era que una delincuente sin educación, maltratada toda su vida, tocara a un nivel tan majestuoso?!

Roxana le echó un vistazo desinteresado y Yara bajó la cabeza rápidamente, forzando una sonrisa: —¡Vaya, Roxana! ¡Qué gran habilidad tienes! ¿Qué maestro te enseñó? Si hubiera sabido que eras tan buena, ni siquiera habría hecho el ridículo tocando antes que tú.

Roxana siguió acariciando las cuerdas suavemente y sonrió. —¿Acaso necesitas tomar clases para esto? Con tener manos basta y sobra, ¿no crees?

La cara de Yara pasó por todos los colores posibles al escuchar esa respuesta.

Rodrigo le levantó los pulgares en señal de aprobación, impresionado. —¡Hoy aprendí que siempre hay alguien mejor en esta vida!

Marina y Rafael cruzaron miradas, llenos de sorpresa y alegría, pero también de confusión.

Su manera de sembrar cizaña era bastante sutil, pero lo suficiente como para dejar una espina clavada en cualquiera.

Lástima que a Roxana solo le daba curiosidad conocer a su verdadera familia; no esperaba mucho de ellos.

Y lo que era más importante: no creía que el afecto en los ojos de Rafael y Marina hubiera sido fingido.

Era evidente que amaban con locura a la hija que tanto tiempo les costó encontrar.

Roxana sonrió de medio lado, observó a Yara de pies a cabeza y comentó: —¿Sabes qué? Prefiero a la gente que es como un limón: ácida y directa, pero honesta. No soporto a las 'mosquitas muertas' que fingen ser dulces solo para ocultar su amargura.

La sonrisa de Yara se volvió de piedra. —Roxana... no logro entender qué me quieres decir.

Roxana soltó una carcajada indescifrable y se dio la vuelta para ir con Marina, que le hacía señas desde lejos. Antes de irse, le dejó una advertencia: —Solo por respeto a mis padres te daré un consejo: no te metas conmigo. Si lo haces, te arrepentirás de verdad.

Yara observó cómo se alejaba. Aunque su rostro seguía reflejando la misma dulce sonrisa de siempre, el fondo de sus ojos se llenó de una oscuridad perturbadora.

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