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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 12

[¡Alcira, qué bajo caíste! La última vez que alguien me inculpó, ¿no habrás sido tú también?]

[Y la vez que me culparon de robar, casualmente tú estabas ahí...]

En la casa de la familia Maldonado, Alcira miraba furiosa los mensajes llenos de dudas y reclamos. En un ataque de ira, volcó todos los cosméticos de su tocador.

¡Cómo pudo olvidar que Roxana también estaba en ese chat grupal!

¡Roxana, cómo se atrevía!

Alcira tomó su teléfono y marcó un número. Apenas contestaron, amenazó con un tono gélido: "¡Roxana, no creas que porque te fuiste de Puerto Esperanza no puedo hacerte nada!".

"Para que lo sepas, ahora soy la salvadora del heredero Sandoval. Muy pronto me reconocerá como su hermana adoptiva. ¡Con solo una palabra mía, haré que tú y esa asquerosa familia tuya desaparezcan de la faz de la tierra!".

Roxana ni siquiera parpadeó. "Escuché que le donaste sangre al heredero Sandoval. Entonces me surge una duda: siendo una paciente con anemia aplásica severa, ¿de dónde sacaste tanta sangre para donar?".

Las pupilas de Alcira se contrajeron violentamente y colgó de inmediato.

Al escuchar el tono de línea cortada, Roxana enarcó una ceja con diversión.

Parecía que, en efecto, había gato encerrado.

Al día siguiente.

Roxana aún no había bajado las escaleras cuando vio a un hombre y una mujer sentados en la sala, junto a una chica de unos diecisiete o dieciocho años.

La elegante señora tenía facciones que se parecían un poco a las del señor Soler. Era evidente que se trataba de su tía Luisa.

En ese momento, Luisa Soler hablaba con calma pero con veneno: "Escuché que a esa niña nunca le dieron una buena educación. Ni siquiera pasó el examen de admisión a la universidad. Los Maldonado, para no pasar vergüenza, la mandaron al extranjero a estudiar en un instituto de pacotilla, y apenas duró un año antes de regresar sin graduarse...".

"Cuñada, no me tomes a mal si hablo con tanta franqueza, pero esa chica seguramente ya está echada a perder. Es mejor que no se involucre en los asuntos de la familia".

El rostro de Marina se ensombreció. "No graduarse no significa nada. Además, Roxana es muy inteligente y sabe hacer muchas cosas".

"Tú eres... ¿Roxana Soler?", Luisa la miró de arriba abajo, entre asombrada y desconfiada.

La chica tenía una piel radiante, una mirada profunda y la espalda erguida. Se movía con una elegancia natural, sin rastro alguno de la inseguridad y torpeza que habían mencionado en los reportes.

Ese rostro era tan parecido al de Marina que resultaba imposible dudar de su identidad.

Roxana sonrió levemente y clavó la mirada en Elba, quien irradiaba hostilidad. "Aunque mi educación formal sea limitada, sé que la edad no es excusa para la mala educación. Ser 'directa y sin filtros' en casa se llama ser caprichosa, pero si hablas así allá afuera, la gente dirá que tus padres son unos ignorantes que no supieron criarte".

"¡Tú!".

Elba se puso roja de furia, y Luisa se levantó de golpe, extendiendo la mano para agarrar a Roxana.

Roxana reaccionó al instante y le sujetó la muñeca sin el menor esfuerzo.

Luisa frunció el ceño y, justo cuando iba a soltarse, escuchó que la chica le decía con total tranquilidad: "Como lo sospechaba. Cáncer de mama en etapa terminal. Si no te tratas ya, no te queda mucho tiempo de vida".

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