Al ver que Roxana estaba a punto de entrar a la habitación esterilizada con Don Abelardo, Darío la llamó:
—Roxana, no te sientas presionada. Para cualquier cosa, aquí está tu hermano.
La expresión de Roxana era mucho más tranquila que la de él, y le dedicó una sonrisa.
—Darío, puedes estar completamente tranquilo.
Esa sonrisa parecía tener el poder de calmar a la gente, y al verla, la preocupación de Darío comenzó a disiparse poco a poco.
Por otro lado, los demás doctores que habían llegado con Gaspar y presenciaron la escena, se llenaron de preocupación.
—¿Esa chica apenas es mayor de edad, no? ¿Por qué el Dueño Darío y Don Abelardo confían tanto en ella?
—La vida de Andrés Blanco es crucial para el desarrollo de nuestro país. Tratándose de alguien tan importante, ¿cómo es posible que dejen que esta chiquilla entre a tratarlo?
—El Dueño Darío y Don Abelardo están siendo muy impulsivos. Si esta joven no logra curarlo y, en cambio, empeora su estado, me temo que todos pagaremos los platos rotos...
—¿Ya terminaron de hablar?
Al escuchar cómo todos señalaban y criticaban a su hermana, el rostro de Darío se cubrió de escarcha.
El hombre que normalmente era amable y accesible, de repente emanó un aura gélida e imponente que no necesitaba palabras para intimidar.
Todos se callaron de inmediato.
En un instante, el silencio fue absoluto.
Una atmósfera tensa y opresiva se extendió silenciosamente por todo el pasillo.
Darío observaba a través del cristal cómo su hermana tomaba el pulso de Andrés Blanco y le aplicaba acupuntura con total concentración, sintiendo los nervios a flor de piel.
Llevaba años haciendo asistencia médica en el extranjero y jamás había perdido la compostura, sin importar cuán sangrienta fuera la escena.
¿Por qué estaba tan nervioso ahora?
«No, tengo que encontrar algo que hacer para distraerme».
Pensando en eso, respiró hondo, sacó su teléfono y llamó a Valeriano Sandoval.
Mientras tanto, en la Corporación Sandoval.
Los tres días que Valeriano había pasado en la Región de los Tres Oros le habían dejado bastante trabajo acumulado.
Como no le resultaba cómodo trabajar desde la Mansión Sandoval, fue a la oficina para ponerse al día.
Después de encadenar tres reuniones consecutivas, su cuerpo evidentemente no dio más de sí, por lo que regresó a su oficina para descansar.


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