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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 391

Cuando Silvia de Mota la escuchó negar todo descaradamente, pegó un salto de pura rabia.

—¿Cómo que no asumes la culpa? ¿Qué tiene que ver conmigo que el Centro Phoenix estuviera dispuesto a venderle el Hongo de Vida Eterna al joven Valeriano por apenas un millón? Si no me hubieras instigado, prometiéndome que apoyarías una alianza entre la familia Sarmiento y la familia Mota, ¿crees que habría venido hasta aquí para apoyarte? Y ahora te lavas las manos. ¿Acaso crees que nuestra familia no merece respeto?

Aunque la situación de la familia Mota había mejorado, recientemente enfrentaban un estancamiento.

Casualmente, la familia Sarmiento tenía un lote de mercancía que ellos necesitaban con urgencia. Fue por eso, y porque Leonor de Sarmiento sacó el tema primero, que Silvia decidió arriesgarse a ofender al joven Valeriano con tal de asegurar la posición de su hijo como heredero.

Jamás imaginó que todo terminaría en este desastre.

Al escuchar sus palabras, Marco Sarmiento soltó una carcajada cargada de desdén.

—¿Acaso creen que la familia Mota es digna de nuestro respeto?

Tanto los Sarmiento como los Mota pertenecían a la alta sociedad de Puerto Esperanza, pero incluso entre las familias adineradas existían jerarquías.

Y los Sarmiento estaban, sin duda, un escalón por encima.

—¡Qué acabas de decir! —Cristián Mota, que con tanto esfuerzo había escalado hasta la posición de heredero, no podía tolerar que lo pisotearan de esa forma. De inmediato, se adelantó para confrontarlo—. ¡Ustedes fueron quienes nos utilizaron y ahora nos dan la espalda! ¡Tampoco se crean la gran cosa! Si fueran tan poderosos, ¡Marco no habría sido expulsado de la Universidad del Sur para convertirse en la escoria que ninguna otra universidad quiere!

Esas palabras dieron justo en el orgullo de Marco.

Cegado por la ira y sin importarle el lugar, le asestó un brutal puñetazo en la cara.

No se sabía si Cristián era demasiado débil o si el ángulo del golpe fue perfecto, pero la sangre salpicó de inmediato por todo el rostro del joven Mota.

—¡Hijo! —gritó Silvia de Mota, palideciendo del susto al ver a su muchacho herido.

—¡Marco! —Leonor de Sarmiento corrió a detener a su hijo, alarmada por la fuerza de la agresión.

El escándalo no tardó en llamar la atención de la policía. Tras someter a Marco, el joven fue premiado con cuarenta y ocho horas de arresto.

Ante esto, Leonor no se atrevió a seguir peleando con Silvia y su hijo, e intentó calmar las aguas con palabras amables.

Pero esta vez, Silvia no cayó en la trampa. Dejó claro ante su abogado que llegaría hasta las últimas consecuencias.

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