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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 513

Debido a su condición, Valeriano fue quien sufrió el peor mareo.

Cuando el auto se estrelló contra la barrera de contención, sus piernas, incapaces de moverse con agilidad, quedaron atrapadas entre el asiento y la puerta. El violento jalón y el golpe le arrancaron un quejido ahogado de dolor.

Al escucharlo, Roxana revisó de inmediato sus piernas, prestando especial atención a las articulaciones. Solo cuando confirmó que no había fracturas, pudo respirar tranquila.

—Estoy bien, creo que la rodilla golpeó justo en el borde —dijo Valeriano en voz baja, tragándose el dolor mientras extendía una mano para ayudarla a incorporarse.

Roxana notó lo pálido que estaba.

—¿Sientes muchas náuseas? Puedo aplicarte las agujas ahora mismo para calmarte.

—Puedo soportarlo —Valeriano apretó su mano con suavidad y le dedicó una sonrisa irónica—. El problema es que, por el momento, no podré ser de mucha ayuda. Tendrás que encargarte tú sola.

Roxana soltó una ligera carcajada.

—Descuida. Los que van a pasar un mal rato son ellos.

A Leandro le costó una eternidad salir arrastrándose del asiento del conductor. Tenía una herida en la frente y la sangre le escurría por la mejilla hasta mancharle el cuello.

Pero sin importarle su propio estado, corrió de inmediato hacia la puerta trasera.

—¡Presidente Sandoval! ¡Señorita Roxana! ¿Están bien?

Al ver su aspecto desastroso, Roxana supo que Valeriano había absorbido todo el impacto para protegerla a ella. Al estar completamente ilesa, le lanzó su arma a Leandro y le advirtió:

—¡Retrocede!

—¡Sí! —Leandro obedeció de inmediato, dando varios pasos hacia atrás.

Al segundo siguiente, la puerta que él no había podido abrir salió volando por los aires de una patada de Roxana.

La puerta salió disparada y golpeó con precisión a uno de los hombres que acababa de bajar del auto enemigo.

—¡Maldita sea!

El primero en bajar había sido un mercenario extranjero. Tenía el cuerpo lleno de músculos que parecían rocas sólidas bajo su ropa.

Furioso por el golpe de la puerta, estaba a punto de gritar cuando vio que quien lo había atacado era una chica de rostro de porcelana y expresión gélida. Un destello de asombro cruzó por sus ojos.

—¡Vaya! Parece que tú eres mi objetivo. Ya que eres exactamente mi tipo, puedo dejarte vivir un rato más, pero con una condición: tienes que venir a divertirte conmigo al auto.

El hombre habló en un idioma extranjero, rebosante de arrogancia.

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