Una capa de sudor frío cubrió el rostro de Boris al instante.
Los tres mercenarios que lo acompañaban apretaron los labios, aterrorizados. No sabían a quién apuntar: si a la hermosa chica que se movía como un fantasma o al joven que disparaba como un dios de la muerte.
Al final, dos decidieron apuntar a la chica y uno al hombre.
—¡Suelta a nuestro jefe!
—¡Baja el arma ahora mismo!
Al ver que uno de ellos apuntaba a Valeriano, Leandro levantó su pistola al instante y lo fijó en su mira.
El matón que apuntaba a Valeriano tragó saliva.
¡Era aterrador!
A pesar de que ellos tenían la superioridad numérica, ¿por qué sentía que la muerte ya le estaba respirando en la nuca?
Tres segundos después, al ver que Boris no abría la boca, Roxana hizo un rápido movimiento con la mano. Una delgada línea roja apareció de inmediato en la garganta del fortachón.
—¡Ah!
Boris se llevó las manos al cuello desesperado, pero la sangre caliente pronto tiñó sus dedos.
Supo que, si no soltaba la verdad, su vida acabaría en ese mismo camino.
Presa del pánico, confesó:
—¡Acepté el trabajo a través de una recompensa en la red profunda! No sé quién es el cliente. Solo nos enviaron tu foto, nos prometieron treinta millones de pesos si lo lográbamos y garantizaron nuestra salida del país.
Al escuchar la palabra «recompensa», los ojos oscuros de Valeriano se entrecerraron con furia.
Roxana recordó aquel infame sitio web del mundo criminal. Sabía que existían esos contratos, pero jamás imaginó que algún día su propio rostro estaría ahí.
—Bien, entonces confirma la transacción ahora mismo. Diles que el trabajo está hecho.
Boris negó frenéticamente con la cabeza.
—¡No puedo! El cliente dijo que tu muerte saldría en las noticias. Solo nos transferirá el dinero cuando vea la noticia publicada en los medios.
—¿Cuál es el ID del usuario?
Boris abrió la boca para responder, pero de repente, un punto rojo apareció justo en el centro de su frente.
Al notarlo, Roxana lo tomó por los hombros y lo empujó hacia un lado con brusquedad para esquivar el tiro.
Su voz había recuperado su tono frío y calculador.
Solo cuando sus hombres se desplegaron, pareció perder todas sus fuerzas. Se dejó caer pesadamente sobre el asiento trasero, apoyándose en la puerta del auto.
—Tú...
Roxana iba a decir algo, pero él la tomó de la cintura y tiró de ella, haciéndola caer sobre su regazo.
Con una mano le sostuvo la nuca y la apretó con fuerza contra su pecho. Cuando habló, su tono ya no era indiferente; temblaba levemente.
—¡Eres demasiado imprudente! ¡Pensé que ibas a usar el arma para encargarte de ellos, nunca imaginé que te lanzarías con una navaja! ¡Si hubiera sabido que no te importaba tu vida, jamás habría dejado que te acercaras!
Roxana nunca había sido abrazada con tanta desesperación por ningún hombre, y mucho menos nadie le había hablado así. Se removió un poco, sintiéndose extraña.
—No fue tan grave. Conozco mis propias habilidades, nunca corro riesgos innecesarios.
—Pero ninguno de nosotros previó que habría un francotirador. Si él no hubiera apuntado a ese hombre, si la bala hubiera sido para ti... —Valeriano tomó una profunda bocanada de aire—. ¿Qué habría hecho yo?
Aún no había logrado conquistar su corazón. Aún no era su hombre.
Si la perdía así, de la nada, ¿cómo iba a perdonarse a sí mismo el resto de su vida?

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