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La Espectacular Transformación de la Reina AI romance Capítulo 699

Aunque en los últimos dos o tres meses Mercedez casi no se había reunido con el grupo, para Alfredo, era un hecho que Armando y Mercedez se veían a cada rato.

Por eso, al ver que, ahora que todos estaban por fin juntos, lo primero que hacían era ponerse a platicar entre ellos, se le hizo fácil echarles carrilla.

Al escuchar esto, la mirada de Mercedez se ensombreció por una fracción de segundo, pero enseguida se rio y contestó sin rodeos:

—¡Qué exagerado! Últimamente ni nos hemos visto tanto.

Respondió así sabiendo que a veces la verdad es lo menos creíble.

Incluso si le creían, pensarían que no se veían simplemente porque tenían mucho trabajo, y jamás sospecharían que las cosas entre ellos andaban mal.

Y tal como lo imaginó, Alfredo soltó una carcajada y dijo:

—Bueno, bueno, ya no los molesto. Síganle, pues.

Rápidamente, la conversación cambió de rumbo.

Esa misma noche, después de terminar su jornada laboral, Paulina acababa de llegar a su casa. Estaba a punto de meterse a bañar cuando recibió un mensaje de Castulo; le avisaba que Estela había regresado a la ciudad y que la niña la extrañaba mucho y quería verla.

Al leer el mensaje, Paulina checó su agenda y vio que tendría libre la hora de la comida del día siguiente, así que aceptó encantada.

Al mediodía siguiente, llegó puntual a su cita.

Estela de verdad adoraba a Paulina. A pesar de que apenas habían hablado en los últimos seis meses, no actuó nada tímida con ella; en cuanto la vio, salió corriendo a abrazarla.

—¡Señora Romo!

Estela había crecido un poco. Paulina se agachó para devolverle el abrazo con mucho cariño y luego le entregó el regalo que le había comprado.

Enseguida, Estela se puso a platicarle sin parar todas las cosas emocionantes que le habían pasado.

Paulina se sentó a su lado y la escuchó con atención.

Castulo les pasó el menú sin decir palabra.

Después de pedir la comida, Estela ya estaba medio ronca de tanto platicar, pero, después de darle un trago a su agua, se preparó para seguir contando sus anécdotas. Castulo miró a Paulina y sonrió en silencio.

Paulina le devolvió la sonrisa y le acarició la mejilla a la niña.

Estuvieron comiendo y platicando un buen rato, pero Paulina tenía que regresar al trabajo, así que se preparó para despedirse.

A Estela le dio tristeza que se fuera; antes de que saliera, corrió a abrazarla.

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