Paulina se unió para convencerla y, al final, la anciana accedió a irse a casa.
Castulo Haro y Alfredo Chávez seguían ahí. Lo que pasó fue que, cuando Paulina llegó, uno había salido a contestar una llamada y el otro estaba pidiendo que llevaran comida al hospital.
Regresaron justo a tiempo para escuchar cómo la joven trataba de calmar a la abuela.
Al lograr su cometido, Paulina notó la presencia de los dos hombres. Sintió la mirada de Castulo sobre ella y solo asintió con la cabeza a modo de saludo.
La abuela Frias se fue al baño y Josefina regresó a la habitación por sus cosas. Aprovechando que estaban a solas, Armando le dijo a Paulina:
—Te encargo mucho a mi abuela, por favor.
—Sí, no te preocupes —respondió ella de manera distante.
Sin agregar más, se metió al cuarto a ayudar a su hija con sus pertenencias.
Alfredo y Castulo fueron testigos de esa fría interacción.
Poco después, Paulina salió del hospital sosteniendo del brazo a la abuela Frias, con Josefina al lado.
Al ver las puertas del elevador cerrarse lentamente, Alfredo volteó hacia Armando.
—La verdad, sí se porta muy bien con tu abuela.
Cuando Armando había hecho la llamada, él y Castulo estaban presentes y notaron lo rápido que Paulina accedió a la petición.
Ahora que había llegado, se dedicó a estar al pendiente de la abuela, pero hacia su amigo mantuvo una indiferencia evidente para cualquiera.
A Alfredo le dio la impresión de que ella ya solo lo veía como el nieto de alguien que respetaba mucho o, a lo mucho, como el papá de su hija.
Más allá de eso, no existía nada más.
En resumen, Paulina era de esas personas que sabían separar muy bien las cosas y no guardar rencores a lo tonto.
Castulo no abrió la boca, pero también percibía que el trato entre la expareja era bastante pacífico, aunque carente de cualquier chispa de amor.
Para cuando Paulina y la señora regresaron a la mansión Frias, el mayordomo ya había dispuesto la comida.
Sin embargo, la abuela no tenía nada de apetito y a duras penas probó bocado.
La abuela Romo se había enterado de lo sucedido con Lázaro y se lanzó para allá.
Al ser de edades similares y haber compartido tantas experiencias, la abuela Romo lograba empatizar mucho mejor con la abuela Frias.
Con su compañía, la abuela Frias se animó un poco y empezó a comer a bocaditos.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Espectacular Transformación de la Reina AI
Y... volvemos otra vez al principio...
Da vuelta en lo mismo. Ya estoy aburrida con la trama....
Y seguimos con las mismas porquerías de capítulos.... NO AVANZA NADAAAAAAAA...
Otra semana más esperamdo nuevos capítulos, para leer pura porquería... Esta novela ya no sirve ni para papel Confort! Es de esperar que no finalice la novela con la tonta de Paulina perdonando al infeliz de Armando, quien se revuelca como quiere con su Amante ante los ojos de medio mundo.......
Autora muchas gracias por la novela pero dele algo de acción a la potra con todos los malos...
Estuve 3 meses sin leer esta historia porque avanza muy despacio y que decepción leer que la trama vuelve a la misma m......
Que mierda, esto lo último ya me rindo no puedo con esta historia de verdad que atraso de mierda...
esperar toda una semana para leer 6 capítulos con la misma porquería!!!! AUTORA no tienes un ápice de respeto por los lectores!!!!...
Y retroceder nada de avanzar que pendejada...
Y volvemos a lo mismo! Otro accidente y justo está la Mercedez para salvar a Armando y nuevamente el imbésil caerá en remordimento de conciencia y volverá con l Vivaceta de la Mercedez.... Para mi que esos 2 accidentes han sido arregaldos......